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Ojos que no ven…

May 1, 2025 | La nueva vivienda, Residencial

Llevo años buscando la manera de mostrar la belleza de un edificio antes de ser visto. Diseñando indicadores que hablen a las personas de los valores de una propuesta residencial más allá de su apariencia, su superficie o su ubicación.

Ayer revisé los centenares de promociones inmobiliarias que llevo analizados en los últimos años. Apenas encontré un par que ofrecieran respuestas reales a la situación real de nuestro Gran Apagón. Islas energéticas reales en medio del Real Estate español. Bravo por ellas ( ¿Una muestra?) Y es que debemos ir diferenciando cada vez más lo que es una vivienda de lo que es la promoción. Por aquello de la altura de miras. Una vivienda mira al futuro de sus habitantes. Una promoción precisa retornos en el presente para sus inversores (cuanto más y más rápido mejor, por cierto)

No pretendía ir a más. Ya he expresado mi análisis de la situación como técnico en mi anterior entrada. Y llevo compartiendo y ofreciendo mis propuestas sobre la mejora en la vivienda y la promoción inmobiliaria contemporánea .. creo que toda la vida. No al «uno por ciento» como titulaba ayer: a todo el que quiera verlas.

Pero es que empieza a asentarse una sensación de que lo ocurrido, sea lo que sea, es una cuestión técnica y no política. Y de que la solución, es una solución técnica y no política.. ¿Perdona? ¿Que todos los habitantes de un país se quedan sin suministro energético y esto no va de política?

Vayan por delante los que para mi, son algunos axiomas en este escenario:

  • Política y partidos no son lo mismo. Por mucho que fusionemos la palabra una y otra vez.
  • La técnica no es ajena a la política. Como la política no debería se ajena a la técnica. Y mucho menos a la ciencia. (Y de la ética, ya ni hablamos)
  • El suministro energético no es un «todo». Es una parte del todo que somos la sociedad, el territorio en el que nos asentamos y el momento histórico en el que nos encontramos. Entiendo que, al estilo más Huxley posible, haya quien entienda que «la historia sea enemiga de la estabilidad». De ahí a olvidarla.. malo

 

Desde estas bases, me gustaría recordar la ingente cantidad de dinero que destinamos a subvencionar, como sociedad, el desarrollo de las energías renovables. Que no solo provienen de diversas fuentes como bien estamos aprendiendo todos a marchas forzadas: también se puede producir en distintas escalas. Y en distintas ubicaciones. Se puede producir en el tejado de una casa, o en la cresta de una montaña. Se puede producir en escala kWh, o en escala GWh como ya estamos también empezando a conocer.

No fueron solo decisiones técnicas las que llevaron a propiciar los famosos «huertos solares» megalómanos hace más de una década. Fueron decisiones también políticas. Decretos Ley con publicación en el Boletín del Estado que permitieron que cantidades de dinero ingentes (en gran parte del boom del ladrillo del 2000) se diversificaran en «la riqueza caída del cielo». Y como era más lucrativo (que no más eficiente) concentrarlas en instalaciones de escala Hectárea que no de metros cuadrados… pues así se hizo.

De aquellos polvos, estos lodos. El colapso de nuestra red común no se debe a «las renovables». En todo caso y aún por demostrar, a la forma en que interpretamos la utilización de las energías renovables.

De todo esto hay un dato que realmente me obliga a escribir lo que escribo. ¿Saben ustedes qué porcentaje de todo ese trasiego de GW es consumido por los hogares españoles? Apenas el 25%. A duras penas. Cuanto más se separa la macroeconomía de la realidad doméstica, con más penas. Lo que llega a nuestras casas, después de haber subvencionado nuestra transición energética, apenas es una cuarta parte. (Sin entrar en el debate de quién se queda con la medalla de la producción «verde», que de #greenwashing ya he hablado mucho. O del daño colateral que estamos sufriendo por la guerra de precios, tramos horarios, priorización de recursos, penalizaciones y premios…)

Este es el escenario. Ahora empezarán a hablarnos de las inmensas inversiones necesarias para que, técnicamente, la red pueda tener un mínimo de estabilidad hoy perdido. No tengan duda: el Estado tendrá que invertir. Y no seré yo quien diga que no pero…

¿Y si empezamos a hacer una política de vivienda que contemple su propia autoproducción energética? ¿Y si hacemos los números de cuánto invertimos en «la red», ajena al problema residencial , y cuánto en «microredes» como parte de su solución? Es cierto: tenemos un problema de suministro energético. Nada comparable con el problema de la vivienda. Y ahora que tanto se habla de la inercia de la red, creo que llega también el momento de ver la inercia de los modelos:

  • La inercia de un modelo centralizado en su control y deslocalizado en su producción
  • La inercia de barrios y ciudades enteras dependientes de recursos demasiado lejanos
  • La inercia de costes de mantenimiento cercanos a los costes de financiación
  • La inercia de sistemas de baja eficiencia e inmenso impacto

Y para mi, la peor: la de «ojos que no ven, corazón que no siente». La inercia de este desentendimiento en nuestras responsabilidades (Escuchen «la culpa siempre es de los demás» de La Habitación Roja, y sabrán a lo que me refiero) Hemos tenido que quedarnos a oscuras para tener una oportunidad de ver. De ver los dos caminos que se abren ante nosotros: seguir igual, o mejorar. Aquello de la crisis y la oportunidad. Ambos tienen soluciones técnicas muy competentes. La cuestión es cómo se toma la decisión.

Yo lo veo claro: la decisión es política. Y no se llama un partido u otro. Se llama urbanismo. Que no va de ideologías. Va de derechos y deberes. De anticipación, de acción…

(Y de muestra sobre el apagón recalcitrante en el que está apresado, entren en las páginas de sus Gerencias, de su «Agencia Local de la Energía» … si la ven, claro)