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Uno de agosto. El día oficial del comienzo de la mayoría de las vacaciones. Aunque los patrones están cambiando a un ritmo vertiginoso, el tópico sigue vivo.

Hoy, en plena ola de calor, en el día de la sobre-explotación del planeta, muchas casas quedarán desconectadas de sus habitantes. Sin comunicación alguna. Sin uso alguno. Simplemente cerradas. Trasladándose la satisfacción de placeres y necesidades a destinos de lo más diverso: desde hoteles a segundas residencias, pasando por casas de familiares, de amigos, o incluso de desconocidos, ¡qué mundo este!

Hoy es posible no solo mantener el contacto con tu vivienda habitual, sino trasladar tus hábitos a tu residencia vacacional.

Piensen por un momento en ese último repaso antes de dar la segunda vuelta a la cerradura para alejarse definitivamente. Piensen en todos los pasos de comprobación, verificación y adaptación:

  • El apagado de todos los interruptores
  • La bajada de todas las persianas
  • El cierre del gas
  • El cierre del agua
  • EL traslado de las plantas al vecino
  • Las llaves a algún conocido para alguna emergencia
  • El vaciado del buzón

Y después, volver a cerrar con seguridad esa cerradura. Sabiendo que la mayoría de cosas valiosas que tenemos, se quedan allí. Aparcadas. Sin productividad alguna. Mantenemos el coste de la hipoteca, de los suministros, del teléfono, del internet pero… para nada. Durante estos días, también estarán de vacaciones. Y ojalá así sea: que la electricidad no haga de las suyas y nos encontremos el congelador descongelado. Que el agua no de la cara justo ahora, y nos enteremos de una fuga por un vecino, por un charco a la vuelta o lo que es peor, por una factura desmesurada dentro de dos meses.

Lo sé, suena dramático todo. Pero es que por mucho que lo neguemos, en una parte de nuestro estómago se guardan esos miedos durante todos los días que estamos desconectados de nuestra vivienda. La parte positiva, está sin duda en la posibilidad de anular ese nudo. Superando la distancia que nos separará mediante los recursos de los que disponemos. Al igual que ya lo hacemos con otros bienes y seres queridos, hoy ya podrías:

  • saber que todo va bien en tu casa
  • Regar tus plantas sin miedo a que se le olvide al vecino
  • encender las luces para simular vuestra presencia
  • Mirar de vez en cuando si todo sigue en orden

Y para mi, lo más importante: Seguir generando energía para alimentar los sistemas que aún sigan conectados en tu vivienda. ¿Quién sabe? Un robot que aspire y friegue de vez en cuando. O tal vez un pequeño huerto vertical te esté esperando al regreso de tus merecidas vacaciones para empezar la dieta.

Todo esto no es futuro. Ni caro. Ni complicado. Todo esto es posible. Hoy es posible no solo mantener el contacto con tu vivienda habitual, sino trasladar tus hábitos a tu residencia vacacional. Para, terminado el permiso, invertir los papeles. Y no desconectar de tu apartamento. Cerrarlo sabiendo que se terminó lo bueno, pero que puedes marchar tranquilo continuando una conexión de tranquilidad, alertas y mantenimiento con tu lugar de recreo.

Así que, bienvenidas vacaciONes, On, de conectadas. Ya sé que no lo conocías. Que nadie te habló de esto cuando compraste tu casa, o tu apartamento en la playa. Hasta ahora: ¿Lo hablamos?