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¿Se imaginan que un médico pudiera salvar la vida de una persona, pero no aplicar el conocimiento adquirido al tratamiento de su siguiente paciente? ¿Dónde estarían ahora mismo la medicina, la arquitectura, la economía… si no hubiera compartido colecitvamente sus aprendizajes individuales? Si vamos a habar de privacidad doméstica, hagámoslo. Pero con todas sus vertientes. Y no solo utilizándola como excusa para impedir la imprescindible r-evolución de la vivienda actual.

El problema no está en la tecnología en sí, está en la transparencia sobre su utilización

Porque ninguna de ellas, desde la más pequeña hasta la más compleja, ninguna fue construida dentro de una burbuja de conocimiento. Aislada del resto del conocimiento. Y con vocación de impedir la difusión del concimiento adquirido en su elaboración. Desde las pirámides de Egipto, no se entierra a los técnicos en sus obras para que con ellos mueran sus secretos. Y gran parte del increíble avance de la humanidad en temas tan vitales como la salud, la alimentación o la educación han ocurrido desde que aprendimos a compartir la información sin invadir la intimidad.

Hoy toca compartir información sobre la vivienda más allá del modelo de construcción. Para aprender Y MEJORAR el modelo de utilización. Para generar Y COMPARTIR recursos energéticos que desde hace un siglo venimos tomado prestados de zonas muy distantes con la consiguiente crisis ambiental. Hoy toca incorporar Y UTILIZAR todo nuestro potencial tecnológico para conseguirlo sin mermar la calidad de nuestra vida. Y no lo conseguiremos si no aplicamos criterios CIENTÍFICOS y no COMERCIALES  a su aportación en nuestros hogares.

Las nuevas tecnologías basadas en la geolocalización, en la inteligencia artificial y en Big Data no tienen por qué disponer de datos personalizados sobre nuestros hábitos. ¿Qué significa personalizados? Datos que están enlazados con nombres y apellidos. Pero si pueden mejorar exponencialmente si disponen de los millones de escenarios que suponen nuestros millones de viviendas. Porque el problema no está en la tecnología en sí, está en la transparencia sobre su utilización. En el conocimiento de su propósito. Y en la traslación a los usuarios del tratamiento que se está haciendo con sus datos.

La tecnología no debe entrar en el hogar para  aumentar las horas de sofá por poder comprar sin levantarnos.

Con esa tecnología, créanme: solo ganan unos pocos.

Imaginen un bloque de viviendas con 50 pisos. Cada uno con su distinta altura, su distinto tamaño, orientación… Todos insertados en un mismo clima y lugar. Pero cada uno, con su realidad específica de uso, de equipamiento y de habitantes. Si pudieran imaginar lo mucho que podríamos aprender con la tecnología de la climatización, de la seguridad, de la distribución energética… Si esas viviendas dispusieran de los sensores y lenguajes comunes existentes, sus dueños ganarían tiempo, dinero y tranquilidad. Y como sociedad, ahorraríamos años de experimentos aislados de la realidad, condensándolos en minutos de procesamiento digital. Sin necesidad de saber ni el nombre de pila de ninguno de sus habitantes. La información es poder, y los datos del habitar separados del dato del habitante, son eficiencia. El beneficio está en utilizar la tecnología para mejorar la calidad de nuestra vida y de nuestro entorno permitiendo que nuestro hogar genere nuevos beneficios y nuevo conocimiento. No en aumentar las horas de sofá por poder comprar sin levantarnos. Con esa tecnología, créanme: solo ganan unos pocos.

Por eso es necesario construir una capa tECnOlógica sólida, segura y eficaz para la nueva vivienda. No solo imaginarla. No es admisible delgar en el usuario final la toma de todas estas decisiones. Al igual que un comprador confía en la capa estructural de su vivienda porque existen profesionales encargados de ello, la tecnología en la vivienda debe incorporarse con criterio y no por simple seducción publicitaria. Propiciando que las grandes compañías con capacidad para asistentes universales generen confianza y eficiencia:

– Informando al usuario sobre los beneficios, que son muchos.

– Asegurando el anonimato de los datos aportados a la red.

– Propiciando un conocimiento común para la mejora del modelo residencial.

Esto ocurre ya en muchas áreas de conocimiento. Si es de su interés, indage sobre las maravillas que hacen las entidades bancarias con los datos anónimos de sus tarjetas de crédito. Cómo estamos comprendiendo mejor el funcionamiento de la ciudad, del turismo, del comercio, de la movilidad con esa cantidad de información ajena al titular de la tarjeta. Y sí, ya lo sé, puede que su limite de crédito esté supeditado a parte de esa información. Pero eso entra en la relación privada entre el banco y usted. Al igual que sabemos ya separar ese tipo de relaciones y de privacidades… hagámsolo con la vivienda. Porque sus próximas vacaciones puede que dependan del crédito bancario. Pero todos los destinos de todas sus futurtas vacaciones, dependen de cómo inventemos una nueva forma de vivir nuestras casas. Y eso, no se conseguirá manteniendo el modelo actual ciego, sordo y mudo.

PD: por estos motivos desde TRUETALK no prescribimos dispositivos tpo ALEXA ni televisores inteligentes.