955341457 info@truetalk.es

Tras dos semanas de confinamiento y unas cifras que aún producen más miedo que reacción, la llegada de este virus está generando una nueva realidad ante la cual caben dos reacciones: resistencia o adaptación. Para llegar por los dos caminos a una misma realidad. Esto lo cambia todo. Porque todos vamos a pasar por esta prueba (la infección), antes o después. Y el acierto no está en el retraso individual que cada uno podamos conseguir, sino en la resupuesta colectiva que seamos capaces de dar.

¿Demasiado metafórico? Bajemos a la realidad. Tú, al que te agardezco que me leas, te vas a contagiar del COVID-19 tarde o temprano. Es cierto que desde tus habilidades podrás retrasarlo más o menos.  Si te lavas las manos, si no te acercas a ninguna persona (ninguna, porque no sabemos quién tiene carga viral y quien no), si higienizas tu entorno, si no te tocas la cara, si no te desplazas a ningún lugar…. Pero ya en esta lista de quéhaceres personales deberás asumir que esto no lo haces porque seas muy listo, sino porque la inteligencia de muchas personas nos ha puesto en esta línea de trabajo.

Y genial, lo vas retrasando… ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuando serás capaz de no compartir un avión, un coche, un ascensor…?¿Hasta cuándo tendrás capacidad para llevar una mascarilla en perfecta utilidad? ¿Hasta cuando podrás reprimir tu necesidad de un abrazo?… No seamos ingenuos, ocurrirá. Y entonces, justo en ese momento, será cuando realmente, empieces a ver el mundo de otra manera. Porque hasta ahora, no has hecho más que aferrarte al mundo que conocías. Pero en el momento en el que te contagies, que pasará, empezarás a ver no tanto que tu mundo cambia (en el 80% de los casos tan solo con fiebre, tos y dolor muscular) sino que tú pasas a formar parte de ese cambio. Porque ahora eres tú quien puedes infectar con tus acciones a todo tu entorno, conocido o desconocido. Pasarás de ser freno del cambio a motor del cambio. En un solo momento.

(En este punto, debo aplicar una de las muchas enseñanzas que este ciclo me está dejando: cada cual sabe de lo suyo. Y si ha hecho falta esta crisis para que volvamos a escuchar a los profesionales y no a los charlatanes, pues no habrá sido en balde. Como personas, todos tenemos derecho a tener nuestra opinión propia. Y la obligación de formarla desde la información más rigurosa y objetiva posible, que a veces se nos olvida. Pero no debemos confundir opinión con conocimiento. Porque el conocimiento es algo mucho más complejo y valioso que la mera opinión. Por esto, en este punto en el que por activa o por pasiva asumas que estamos en nueva realidad, sé que tu percepción del mundo físico que te rodea ha cambiado ya radicalmente. Tanto    tu relación con tu espacio para no contagiarte, como si ya estás contagiado y no quieres transmitirlo. Todo será diferente. Y en esto, sé de lo que hablo porque llevo años trabajando sobre ello. Esto no es una opinión. Es un conocimiento. Tu opinión estará basada en una información parcial y muy condicionada por tu estado de ánimo actual. Nuestro conocimiento, por el trabajo objetivo en la búsqueda de toda la información sobre un tema específico. En la formación de criterios lógicos al margen de emocionalidad u oportunismos. Y lo más imporante: la capacidad de ofrecer y ejecutar decisiones argumentables basadas en conocimientos.

Vayamos a un ejemplo muy simple: el interruptor de la luz de tu pasillo. Sí, de tu pasillo. No es una elección casual. Suelen ser espacios más sombríos, que siempre requieren iluminación artificial. Y es un espacio que, como mínimo, distribuye a tu dormitorio y al del resto de habitantes de tu casa. Y que los conecta, como mínimo, con un baño. ¿Es así? En casi todos los casos y casas, sí.

Pues bien. Llevas dos semanas en casa, y en el mejor de los casos, pasarás otras dos encerrado. Con suerte, no habrá habido ningún contagiado entre los integrantes de tu núcleo de convivencia (me da igual que seais una familia, que un grupo de colegas que gente que compartís alquiler) y por ahora, todo va bien tal y como está. Lo que no entró en el toque de queda, no está dentro. El “bicho” está fuera. Pero… ¿qué pasará el primer día que salgáis a la calle? O mejor dicho: ¿qué pasará el primer día que volvais de la calle y toquéis esa pequeña cajita que enciende la luz del pasillo? ¿Podréis asegurar que vuestras manos están libres de carga? ¿Que todas las personas que lo hayan tocado antes que tú han tenido las mismas precauciones que has tomado tú? ¿Seguro que tus hijos se han lavado las manos a fondo? ¿Y los amigos de tus hijos?…

No digo que no sea así. Solo digo que te harás esas preguntas. Y la más importante. Un día te levantas, y te notas un poco de fiebre. Una tos seca y unos pinchazos musculares confirmarán tu presagio: tienes el coronavirus. Tu primer temor será por ti, lógico, pero inmediatamente después, por los tuyos: ¿qué he tocado en estos días que pueda infectarlos a ellos? Y lo más prosaico: ¿cómo enciendo ahora la luz del pasillo?

Este es solo un pequeño ejemplo con el que quiero ilustrar el escenario hacia el que vamos, el escenario en el que ya estamos: al igual que se va a implantar una distancia social, se va a digitalizar nuestra relación doméstica. Por muchos motivos, y hoy con mayor importancia, por mera salud. Toda aquella acción con riesgo de carga viral que pueda ser realizada por un control digital, será sustituida. No solo en tu hogar: en tu trabajo, en tu vida social, en el sector servicios… ¿Qué es si no el teletrabajo? Una minimización de riesgos en el doble escenario que planteo. Garantiza la salud de los no infectados, y minimiza el contagio de los ya expuestos. Generado una digtialización del trabajo.

Pues sobre eso, sobre la digitalizción de los espacios domésticos y hoteleros es sobre lo que Truetalk lleva años acumulando conocimiento. Y lo ponemos a tu disposición porque entendemos que en tu escala de necesidades, la salud en tu hogar está en el primer lugar. Un amigo mío me enseñó de joven: “no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”. Bien, desde TRUETALK podemos asegurarte que nuestra tecnología hace que “ensucies” (vitalmente hablando) muchísimo menos. Así que si quieres una casa mejor para ti y los tuyos sin tener que pasarte el día obsesionándote con la higiene, llámanos. Y hablamos.

Mucha energía positiva.