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Nuestra relación doméstica con la energía eléctrica siempre ha ido de la mano de esos pequeños dispositivos, siempre a mano: los mecanismos. Enchufes, interruptores, portalámparas… Tras su presencia puntual en cada rincón de nuestras casas se esconde una lógica física de cables y funciones obligada a actualizarse con la transformación digital del sector residencial.

Reconozcámoslo: los interruptores nunca están donde se les necesita. Pero a su vez, siempre se necesita un interruptor. Para apagar la luz, para encender la luz. Para apagar en un extremo de la habitación lo que encendimos en el opuesto. Para activar un enchufe. Para combinar dos lámparas…. De locos. Tras cada una de estas acciones kilómetros de cables llenan nuestras paredes. Y casi siempre de manera invisible, según los cánones de la decoración. Bajo la pintura. En pleno corazón del tabique. Dificultando cualquier replanteamiento de su trazado.

Los interruptores nunca están donde se les necesita.

Pero a su vez, siempre se necesita un interruptor

Soy de los que creo que los mecanismos de una casa podrían guardar el ritmo de la vida de sus habitantes. Es una pena que sean ciegos y mudos a esta realidad. Bueno, que lo hayan sido hasta ahora. El mecanismo clásico de simple corte eléctrico está abocado a la desaparición. Tal vez piensen que es una exageración. No lo creo. Su existencia ha estado justificada en tres realidades históricas:

  • La presencia permanente de alguno de los habitantes en la casa
  • La simpleza de la utilidad encomendada a su función, un simple apagado/encendido
  • La inexistencia de alternativa a su función

Hoy, ninguna de esas tres premisas pueden darse por ciertas. Los ritmos de trabajo, las familias monoparentales, la longevidad, el alquiler… la vivienda no es ya un lugar en sí misma, es un estado vital. Y no siempre vivimos en casa. No siempre hay alguien para recibir un paquete, o para comprobar si nos hemos dejado un enchufe encendido.

Pero es que además, hoy la cuestión no pasa solamente por encender o apagar una luz. Hoy, aquella bombilla de incandescencia que podía ser de 60 ó 100w se ha convertido en tecnología LED. Capaz de darnos distintos colores, intensidades e incluso variedad de temperaturas de color…¿Qué mecanismo será capaz de contener todas esas alternativas, de manera intuitiva y posibilitando además la interacción con otras luminarias o con otros objetos de la vivienda?

Por último, es cierto que hasta hace bien poco, los mecanismos habían diversificado su estética hasta el infinito, pero sin conseguir ir más allá de cerrar o abrir el circuito (salvo honrosas excepciones) Todo muy estandarizado, eso sí, para que en los cajillos de obra pudieran ponerse las marcas que quisiéramos sin tener que cambiar el cableado. Porque ese, viene puesto de fábrica. Y si no se ha pensado conectar el encendido de una bombilla con el del enchufe de una lámpara… pues toca cruzar la sala tras encender la bombilla y encender la lamparita. No había más.

Hoy podemos conectar los dispositivos físicos de suministro eléctrico con nuestro perfil digital.

Hoy, tenemos alternativas a este sistema del sXIX. Hoy podemos conectar los dispositivos físicos de suministro eléctrico con nuestro perfil digital. Y crear cuantos escenarios creamos necesarios. Y guardarlos. Para reproducirlos en nuevos espacios que consideremos vivideros. Conociendo de manera natural y transparente el consumo que suponen nuestros escenarios. Para poder optimizarlos. Sin tener que tocar siquiera un botón. Y menos aún, un mecanismo.

Esa transición será posible gracias al emprendimiento de empresas valientes que apuesten por la investigación en el sector. Saliendo de la trampa que suponen los ecosistemas cerrados, y ampliando sus miras. Empresas que puedan dar respuesta al perfil más conservador de usuario, necesitado del soporte físico conocido, y a la vez, permitan avanzar en la cultura de la tecnificación del hogar. Mejorando de manera natural.

Será necesaria la apuesta del sector inmobiliario.

Incorporando estos nuevos valores al diseño constructivo

Y sobre todo, será necesaria la apuesta del sector inmobiliario. Incorporando estos nuevos valores al diseño constructivo, tanto en nueva planta como en reforma y rehabilitación. Tendiendo puentes entre las distintas filosofías de gestión que convergen en la vivienda. Mecanismos complejos de trabajo que están abocados a adaptarse…o desaparecer. Como lo harán muchos de los interruptores que hoy, surcan las paredes de nuestras casas. Al tiempo.