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Cuando pensamos en cerraduras en una vivienda, lo hacemos en modo binario: abierta o cerrada. No hay más. Muchos siglos de llaves y pestillos pesan sobre este elemento tan singular de la vivienda. Va siendo hora de traerlo al siglo XXI. Entendiendo sobre todo que cerradura y llave son dos cosas bien distintas. La cerradura es el elemento pasivo de oposición a una apertura no deseada. La llave, el elemento activo de apertura o cierre de la cerradura. Hasta ahora, ambos elementos han sido de carácter físico, material. Hoy, ya no tiene porqué ser así.

Porque estamos en 2018. Los límites de nuestra vida ya no son solamente físicos. Los límites de nuestra propiedad son accesibles desde otro tipo de llaves (electrónicas por ejemplo para entrar en nuestro banco y hacer una transferencia) Nuestra intimidad no se asegura solo con echar un pestillo, y requiere de contraseñas que nos permitan mantener nuestras fotograbáis a salvo. Y la tranquilidad ya no es directamente proporcional a las puntas que tenga la llave de nuestra puerta.

Hoy, antes de elegir la cerradura de una casa, deberíamos medir al menos estas tres capas de penetración:

  • La de la seguridad: en el caso de cerraduras con llave física, pasará por la dificultad para ser abiertas por medios destructivos (palancas, brocas etc) o por medios “de oficio” (solo hay que necesitar a un cerrajero para medir en minutos la seguridad real de nuestras llaves) En el caso de llaves digitales, el nivel de encriptación y complejidad de las contraseñas será clave en la capa de software, así como la eficacia de los puertos de bloqueo (firewall) en caso de estar conectadas a red.
  • La de la intimidad: facilitada por la capacidad de delimitación y revocación de permisos concedidos a lo largo de la vida útil de la cerradura. En el caso de las llaves físicas, la intimidad vendrá determinada por el seguimiento de las copias realizadas sobre el juego original. Cuestión esta bastante complicada. Y generalmente, solo acotable desde el cambio de bombín y llaves, siempre un gasto añadido y una incomodidad. Por el contrario, las llaves digitales pueden ser acotadas en el tiempo, vinculadas a perfiles específicos y no son duplicares sin el permiso del titular. Es esta una cuestión que fortalece mucho su utilización, independientemente del factor seguridad.
  • La de la tranquilidad: la seguridad la otorga la instalación de cerrraduras contundentes e inexpugnables. La intimidad, posiblemente la anulación de la posibilidad de apertura cuando estamos dentro del espacio controlado (un pestillo vaya). Pero la tranquilidad… la tranquilidad es otra cosa. La tranquilidad la da la posibilidad de conocer qué ocurre en todo momento, pasado o presente, en relación al uso de nuestras llaves. Saber quién ha entrado. Cuándo ha entrado. Saber si una puerta está bien cerrada o no por muy distantes que nos encontremos de ella. Saber si una puerta está siendo forzada… Estas posibilidades han existido a lo largo de la historia de las llaves físicas solo mediante guardias de seguridad. A partir de las telecomunicaciones, mediante alarmas, más o menos sofisticadas. Pero siempre de manera externa a la llave en si, Con un coste importante, y en claro conflicto con el concepto de intimidad (tener una persona en la puerta de casa o una cámara visionada por no se sabe quién, nunca es agradable). Hoy, las llaves digitales incluyen entre sus posibilidades todos estos elementos de tranquilidad. Manteniendo un registro, alertando en caso de ser forzadas, e informando siempre al propietario de manera directa, sin intermediarios.

Así que elegir una llave, ya no es tan sencillo como pudiera parecer hace apenas diez años. Pero es mucho más gratificante y efectivo que hace diez años. Poder enviar una copia de acceso temporal a una persona que está en la puerta, sin tener que salir de nuestro puesto de trabajo, es ya posible hoy. Y mas sencillo de lo que pudiera parecer. No necesita obras, no necesita grandes cambios en los hábitos, y puede mantener una llave física para los que no quieran renunciar a este sistema. Esto dependerá de las necesidades de los habitantes. Y entrarán en juego factores de conectividad y uso. Desde el clásico Bluetooth, pasando por la conexión a Wifi, detectores de huella digital, códigos numéricos… El mercado está lleno de opciones. Para mi, todas las que no se integren con los grandes asistentes virtuales: Siri, Alexa, Google assistant, Cortana… están abocados a desaparecer. Será cuestión de tiempo.

Para concluir y como Arquitecto que soy, sí que me parece importante vincular la elección del tipo de llave a la configuración del espacio al que se accede. Porque no solo cambian las llaves de las que disponemos, sino los usos de las viviendas que protegen. El recibidor comienza a asumir otras funciones. Y la operación a distancia de una llave implica la no presencia en casa en muchas ocasiones cuando esta se abre. Es por ello que la transformación de ese antiguo recibidor en una cámara intermedia, dotada con elementos de protección como puede ser una cámara, o una segunda llave desvinculada de la primera puede permitirnos acciones tan cotidianas como permitir a un repartidor dejar nuestra compra en casa… sin estar en casa. Y esto, tiene que estar anticipado en el diseño de ese espacio.

Porque el cambio de llaves físicas a digitales parece algo de ciencia ficción y aún no lo aceptamos. Pero que nos traigan un objeto comprado en China por Amazon 24 horas antes en un solo click, pagado mediante transacción electrónica, eso ya lo hemos naturalizado divinamente!