Ha venido a la Escuela de Arquitectura de Sevilla Javier Burón. Una conferencia basada en su libro “El problema de la vivienda”,. Ante el público más Z con el que había contando hasta entonces según sus propias palabras. Lleno hasta la bandera. Ahí es nada.
Yo no dejo de recomendar su lectura desde que salió a la luz. Y no solo por sus posiciones frente a esta enorme “bomba de relojería que amenaza con colapsar España”, según su propia definición. Su lectura es fantástica por los datos que aporta. Para reforzar, contrastar o desmontar las posiciones propias. Léanlo Y luego, debatamos lo que haga falta.
Que Javier hable de vivienda en la escuela de Arquitectura es un gustazo. Lo hizo en la inauguración del máster de Urbanismo. Cosa sería. 17 ediciones lleva si no recuerdo mal. Allí me siento como en casa, y es el lugar donde educamos a los futuros profesionales a hacer casas. Es por eso que me atreví a aportar mi granito de arena ante Javier, ante compañeros y sobre todo, ante alumnos . Ahí va:
La formación de Arquitectura en España es una singularidad compartida solo por dos paises más en el mundo. Generando un abanico de competencias en un único perfil inmensas. A lo largo de todo el proceso transformador del territorio, y en todas las escalas de la edificación. Esto ha producido que un mismo profesional deba responsabilizarse de un marco normativo tan amplio y tan adentrado en el detalle que no cabe ya un solo resquicio para la creatividad que el reto habitacional actual requiere.
Y es que se habla mucho de cuántas casas se necesitan. De cuánto tiempo disponemos. De cuánto costará promoverlas y de cómo vamos a construirlas. Pero sobre qué casas vamos a hacer, poco o nada.
Para mi, esto nos lleva a una hipocresía social y académica evidente. Materializar el resultado de la aplicación de la normativa no es hacer Arquitectura (Máxime cuando entendemos el marco legislativo como el objetivo a cumplir y no como el mínimo desde el que proponer, pero este es otro tema) Esta hipocresía se basa en la certeza de saber que, en lo que respecta al urbanismo y a la vivienda, todo nuestro marco jurídico se basa en tres axiomas que hoy, no son ciertos. A saber:
- Recursos ilimitados. FALSO. En ningún momento el justo equilibrio entre beneficios y cargas que conlleva el buen urbanismo ha tenido en cuenta la posible falta de recursos. Llámese suelo, llámese agua, llámenlos lo que quieran. La ciudad crece de espaldas a su huella, y las normas que la rigen, también.
- Suministros ilimitables. FALSO. Para que un suelo adquiera la condición de solar debe tener acerado, suministro energético, suministro de agua y saneamiento. Cómo se gestionan esos recursos, o cómo los habitantes acceden a ellos, no es competencia del urbanismo. De la utilización que las viviendas individuales hagan de estos recursos colectivos, tampoco. Y esto no es cierto. Los suministros cada vez son más frágiles y costosos, y su mal uso está afectando a nuestro territorio con inmensa crudeza. Con consecuencias a veces lejanas, a veces invisibles. No por eso menos terribles.
- La vivienda es un producto. FALSO, FALSO y FALSO. Se sigue tratando como unidades de compra/venta. Esta banalización parece interesar al mercado, y también a la gestión política, cada vez más liquida. Se analiza en su ciclo solo hasta el final de su construcción y se desprecia su impacto (negativo o positivo si se quisiera) durante su ciclo de vida. Es más, toda la gestión económica del planeamiento se hace desde esta afirmación, dañando de muerte las iniciativas más comprometidas con la realidad actual (incluida la inflación galopante)
(Y un cuarto axioma, a modo de bola extra: el urbanismo es ajeno a la r-evolución tecnológica que estamos viviendo. FALSO. No incorporar las capacidades digitales a la forma en que nos gobernamos, nos gestionamos y construimos nuestros futuros hogares pasará una inmensa factura a las siguientes generaciones)
En este marco, se hace más necesario que nunca trascender el marco del hacer, para pasar al campo del IMAGINAR. Imaginar qué futuro queremos, y desde él, generar el urbanismo que lo propicie. Solo así dejaremos de seguir ahondando en esta crisis. La ventana actual castra cualquier atisbo de evolución. Desde este marco, pregunté a Javier (y pregunto a todo aquel que quiera responderme):


