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El verdadero reto de Apple no es Siri. El verdadero reto de Apple se llama #Homekit. Para el coloso de la manzana debería ser su prioridad ponerlo en valor, y para nosotros, conocerlo.

Son ya demasiadas las ocasiones en que una actualización de los sistemas operativos de Apple deja fuera de juego el servicio de Homekit, el gran gestor del hogar de los de Cupertino. Demasiadas sin que sea noticia. Demasiadas sin que los propios servicios técnicos de la empresa sean conscientes de la magnitud de esta negligencia.

He tenido que mandar personalmente vídeos a los técnicos del soporte en Irlanda para demostrarles las capacidades de Homekit. La gran plataforma en la que Apple iba a sustentar su primer contacto con el mundo “real”. De aquello hace ya años. Hoy, Amazon tiene más de 20.000 productos compatibles con su asistente virtual. Google, más de 5.000. Apple a duras penas llega a 200. Y con unos precios que difícilmente justifican sus mayores niveles de seguridad (que los tienen)

¿Porqué creo que esta es la batalla más importante para Apple? Es sencillo. Nos encontramos en un momento disruptivo. En muchos aspectos. El mundo digital ha crecido y convivido hasta ahora con el mundo físico y tangible. En muchos campos, eliminando la capa física a base de miniaturizarla. Para rellenar todo el espectro con su potencia digital. Ya nadie manda un fax. Ya nadie alquila una cinta. La transición está realizada. La oferta digital ha sustituido a la oferta física. Otra de las batallas ha sido estandarizar las herramientas y los procesos a nivel mundial. Hoy todos tenemos similares sistemas operativos, dos o tres plataformas sociales y todos usamos WhatsApp. En estos enfrentamientos, las empresas tecnológicas han jugado en casa, llevando el servicio a su campo. Lo físico, a lo digital. Lo individual, a lo colectivo. Con habilidad, con argumentos y con calidad. Bien jugado.

Pero resulta que ahora toca el partido de la energía. En dos años todo habrá cambiado. La producción de energías renovables en escala local superará en competitividad económica a los medios tradicionales. Revolucionando los dos sectores en los que el consumo es intensivo: la movilidad y el sector inmobiliario. Es un hecho. No estoy inventando nada.

¿Qué diferencia estos dos campos de las anteriores victorias de las empresas tecnológicas? La necesidad de un soporte físico, antropizado y con un fuerte componente cultural insertado en cada uno de nosotros. Fue fácil transformar el vinilo en casete, el casete en discman, y el discman en iPod. Porque tan solo cien años atrás, nada de esto existía. No lo está siendo tanto el transformar el sector de la movilidad, ya que al siglo de realidad automovilística le anteceden siglos de coches de caballos, barcos y demás utensilios utilizados para el transporte por el ser humano. Por lo que la apuesta está pasando por una tecnificación del objeto sin pasar por un cambio de escala. La estandarización ya está asegurada. Por lo que la estrategia está siendo la incorporación de la capa digital sobre el soporte físico. Quedando pendiente la reducción de este (que será una cuestión de ecología y no de tecnología, estoy seguro)

Pero, ¿cómo se miniaturiza una casa? ¿O cómo se tecnifica? No me refiero al proceso de construcción. Ni al proceso de comercialización, dos grandes paraguas bajo los que se cobijan los conservadores del sector. ¿Cómo se adapta la forma de vivir al nuevo paradigma tecnológico y energético al que estamos inevitablemente abocados?

Tengo muchas respuestas. Y desde luego, sé que respuestas no lo son. No se consigue llenando simplemente de cachivaches las viviendas, de eso estoy seguro. Y mucho menos, solo con asistentes virtuales como Siri que cada vez que algún ingeniero toca una tecla para “mejorar la experiencia” del iPhone de turno, se caen con todo el equipo. El sector de la construcción supone el 50% del consumo energético de este planeta. El individualismo de masas, ciego y mudo en el que se desenvuelve nuestra actual cultura no sobrevivirá al reto medioambiental al que nos enfrentamos. Los conceptos de posesión, suministro y hogar ya debería haber cambiado sin que lo hayan hecho ni nuestras casas, ni nuestras ciudades. Y necesitaremos mucha inteligencia colectiva para poder adaptarnos con el menor daño posible.

Hace dos siglos, cuando comenzó la construcción de puentes metálicos, las ingenierías francesas dedicaron cantidad ingente de horas y recursos a teorizar sobre este nuevo escenario. Mientras tanto, los ingenieros ingleses construían. Unas veces con éxito. Otras con fracaso. Y siempre, con el mismo mensaje hacia sus vecinos: “Seguid pensando, ya lo hacemos nosotros”.

Apple se jacta de poseer ya plena capacidad para cubrir sus necesidades energéticas al 100% con energías verdes. Mientras tanto, nuestro inteligentísimo Siri es incapaz de recordar cuantas veces he encendido una simple luz, y mucho menos, cuánto he consumido.

Las principales inmobiliarias de este renacer del sector alardean de incorporar el BIM mas tecnológico a sus procesos de diseño, el web 4.0 a sus sistemas de comercialización y la certificación LEED a sus proyectos más singulares. Mientras tanto, nuestras casas siguen consumiendo cantidades ingentes de energía, siguen siendo incapaces de producirla y el soporte físico de nuestra vida, nuestra vivienda, sigue sin verse beneficiada por las posibilidades que la tecnología nos brinda.

Queridas tecnológicas, queridas inmobiliarias, querida Apple… seguid pensando