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El verdadero (im)pacto de la vivienda

Dic 7, 2025 | INVESTIGACION, Residencial

Saber lo que va a ocurrir en el futuro no es un don. Ni magia. Saber lo que va a pasar mañana es una verdadera faena. ¿Por qué? Porque condiciona lo que puedes hacer hoy. Cuando eres consciente de las consecuencias de tus actos, de tus palabras y de tus decisiones, estás mucho más condicionado que cuando solo te interesa el resultado inmediato. Esto, que es tan obvio en el camino de la madurez humana, parece no serlo tanto en la forma en que nuestra sociedad está enfrentando el que se supone es el mayor de nuestros problemas: la vivienda.

¿A qué viene este posicionamiento? Todo tiene su explicación. Esta semana hemos estado desarrollando un módulo completo sobre inteligencias artificiales aplicadas a la Arquitectura en el Máster habilitante de la Universidad de Sevilla. Si creen que iba de conseguir las imágenes más bonitas en el menor tiempo posible, es que aún no conocen el verdadero potencial de estas herramientas. Sin ser la culpa suya, lo sé. Las grandes tecnológicas se han encargado de mostrar las capacidades más humanas (el habla, el diseño…) a bombo y platillo, dejando las que nos benefician más como humanos «para otro momento».

Gestionar las consecuencias de nuestras acciones nos beneficia. Como humanos, nos beneficia. Cosa distinta es a quién beneficia qué en cada momento.

A lo largo de las jornadas fuimos visualizando la importancia de los datos de los que se nutrían las diferentes inteligencias artificiales. De su credibilidad, de su limpieza, depende en primera instancia la credibilidad de los resultados que nos ofrezcan. Ya saben, eso que se llama el Machine Learning, el «entrenamiento de máquinas». Tú le das diez mil fotos de un gato, y aprende qué es un gato. Luego le das otras diez mil con algunas que sí son gatos y otras que no, y le vas diciendo por qué sí y por qué no. Y así, la máquina aprende a distinguir un gato de otros animales.

Llegamos así a la conexión entre las inteligencias artificiales y el título de esta reflexión personal. Y es que, si los datos son tan importantes… ¿Quién tiene los datos para conocer el impacto económico de la vivienda que se quiere construir en esta década? ¿Quién tiene los datos sobre su coste de construcción, sobre sus diferentes calidades y capacidades? Y lo que es más importante: ¿Existen datos masivos que relacionen el nivel de amortización a lo largo de la vida de cada vivienda con la inversión que se realiza en su construcción? La respuesta, me temo, es no. Y no porque no se pueda, es que no hemos querido nunca asumir las consecuencias en el mañana de nuestras acciones de hoy. Y mucho menos documentarlas, obviamente. Ni a nivel económico, y mucho menos, a nivel ambiental.

Hace unas semanas, el Colegio de Notarios de España lanzó una plataforma en la que se pueden consultar los precios de la vivienda escriturados en sus sedes. Una herramienta útil que señala el camino de la credibilidad, la custodia y la transparencia en la gestión de datos masivos de alto interés para el desarrollo de nuestra sociedad. Empieza a ser cansado escuchar hablar a tanta gente de tantas o cuantas viviendas, sin más. Sin hablar en ningún caso de la innovación y de la responsabilidad de estas. Demasiado discurso queriendo traer el pasado al presente. Demasiada ausencia de lo que sabemos en el presente proyectado hacia el futuro.

En la clase, en la que sistemáticamente invito a soñar, surgió un pensamiento que para mí fue bien bonito: ¿Y si los Colegios de Arquitectura pusieran también a disposición de la ciudadanía una herramienta donde poder contrastar la eficiencia a largo plazo de una vivienda en unidad monetaria (el euro) pero también ambiental (la huella de carbono)? Una herramienta dotada de inteligencia artificial (aunque yo prefiero llamarla Colectiva) que se alimentara de datos de profesionales cualificados capaces de hacer esas lecturas y esas proyecciones. Las personas, los inversores, las administraciones, podrían así levantar la mirada, y ver más allá del hoy. Ese sería el verdadero pacto por la vivienda: el modelarla según su impacto.

¿Fuimos unos visionarios? No creo. Todos sabemos lo que va a pasar mañana si seguimos hoy igual que ayer. Yo tan solo me atrevo a decirlo. ¿Un temerario? Sí. ¿Un soñador? Seguro.

PD: Hay soluciones. Tan solo es cuestión de soñarlas. Y de construirlas sobre el conocimiento, los valores y los datos de los que ya disponemos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir sin medir lo que más nos importa: el futuro?