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El siglo XXI ha desmontado todo el concepto del lujo de las décadas anteriores. La acumulación de objetos ya no tiene atractivo para una nueva alta sociedad que antepone el bienestar, la intimidad y la seguridad a la mera exhibición de riquezas. En definitiva: la nueva élite no aspira a tener más, sino a vivir mejor. Porque una vez que lo tienes todo, el sentido común lo que aconseja es disfrutarlo. Y esto inexorablemente impacta en el sector inmobilario de manera frontal: ¿de qué sirve la más grande de las casas si su tamaño es proporcional a los quebraderos de cabeza que produce?. ¿Si  ya no satisface igual que otras muchas experiencias que están al alcance?

emerge un nuevo sistema. Desde mi punto de vista, más auténtico, más comprometido, más vital

Hoy se abre paso una nueva clase tecno-consciente, que ve en la autosuficiencia el verdadero lujo de nuestro tiempo. No depender de nada ni de nadie para disfrutar de lo más importante en la vida superadas las obligaciones: el tiempo y el cariño de los nuestros.

Casa Core 9. Australia

Es muy importante como este grupo selecto de personas de la sociedad se comporta en la actualidad. De sus preferencias de hoy dependerán las tendencias en los próximos cinco años. ¿No me creen? Consulten la regla de Varian para conocer cómo el comportamiento de las clases más adineradas es el mejor indicador de las nuevas líneas de negocio del futuro. Lo dice ni más ni menos que el economista jefe de Google, que de eso algo sabe.

¿Y qué es la autosuficiencia para una persona actual, con éxito social y sin problemas económicos? Pues aquel modo de vida que le permite mantener su intimidad sin tener que compartirla con empleados o un equipo de personas constantemente a su servicio. La autosuficiencia es conocer el estado de su patrimonio sin tener que desplazarse en constante supervisión. Autosuficiencia es mantener un equilibrio entre la imagen social de un estilo de vida y la calidad de la misma. Y lo que considero más importante: la autosuficiencia es aquel cambio en los hábitos diarios que libera tanto tiempo como es posible, generando tanta satisfacción personal como es posible y con la mayor coherencia ética, moral y social posible.

El lujo del siglo XXI es mucho más comprometido con su entorno que el de antaño.  Y en ello, la autosuficiencia juega un importante papel. Porque al igual que la huella ecológica indica la sobreexplotación de los recursos naturales para mantener nuestro nivel de vida, el lujo también tiene un coeficiente de fricción. Y cuanto mayor es este, menor es nuestra satisfacción personal.  Cuanta más exposición a personas desconocidas, a sistemas descontrolados y a consumos y residuos innecesarios, menos lujosa será nuestra experiencia. 

El único lujo que no deberían consentirse, ni ellos ni nadie, es perder el tiempo.

 El siglo XXI avanza. En algunos ámbitos y grupos sociales, aferrándose a la decadencia de glorias pasadas. Untando en pan de oro lo que no son más que ruinas de un tiempo que no volverá. En otros, emerge un nuevo sistema. Desde mi punto de vista, más auténtico, más comprometido, más vital. Una nueva élite sin complejos pero con principios. Donde el lujo se convierte en una experiencia intimista. En un viaje personal. Necesitamos que nuestra élite más adelantada recorra ese camino. A modo de avanzadilla, su experiencia podrá indicarnos el acierto de los pasos a seguir. Viviendas que no dependan de una red cada vez más sucia y frágil. Sistemas de transporte más silenciosos, seguros y fáciles de alimentar y convalidar. Espacios capaces de ser conectados constantemente. Tranquilidad  no solo personal sino familiar, entendida de manera global. Muchos aspectos que no tienen cabida en la anterior concepcción de lujo: materialista, individualista y muy poco eficiente. En lo patrimonial, y en lo espiritual.

El sXXI avanza. Y si no lo hacen las élites nacidas en el anterior, lo harán las nacidas en este. Porque ya hay personas poderosas, descendientes de poderosas, nacidas en este siglo y con mayoría de edad. Serán ellas las dueñas de este tiempo. Y ante la resistencia de sus antecesores, las responsables de protegerlo. Porque el único lujo que no deberían consentirse, ni ellos ni nadie, es perder el tiempo.