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El falso alquiler

Oct 26, 2024 | La nueva vivienda

“Quien hace la ley, hace la trampa”. Dicho popular español que refleja nuestra actitud bastante crítica hacia las normativas y nuestro ingenio para evadirlas. Desde El Lazarillo de Tormes, es parte de nuestra cultura. Y pobres aquellos que pretendan sobrevivir en nuestras latitudes sin entender esta realidad.

Recuerdo cuando se acuñó el término “falsos autónomos” en nuestra estructura laboral. Hacía cierta referencia a este dicho… Usted señor Estado regule y proteja todo lo que quiera el contrato convencional, que ya me invento yo un atajo simulando que tengo otro perfil. Cantidad de jóvenes se introducían en el sistema de cotizaciones por la vía del autónomo, aunque en verdad, tenían un horario, un puesto de trabajo y una carga que nada tenía que ver con lo azaroso del día a día del autónomo real.

¿Cómo va a asegurarse el espacio mínimo vital de todas estas generaciones que claudiquen de la propiedad y se resignen a un falso alquiler, cuando se jubilen?

Supuestamente la “trampa” beneficiaba a ambas partes. El “contratante” tenía más facilidad para cubrir sus necesidades. El contratado cotizaba por su trabajo…. Cada uno tiene sus opiniones y conclusiones. Yo puedo compartir que todas las leyes tienen algo de trampa. Y muchas trampas..algo de ley. Lo cierto es que, en caso de término abrupto de la relación laboral entre las partes, el falso autónomo carecía de la protección ante el paro que tenían los contratados por la vía habitual. Y solía conocer esta realidad demasiado tarde.

Lo confieso: soy arquitecto español. Mucha gente desconoce la singularidad de nuestra formación respecto al resto del marco europeo. La formación que recibimos aglomera competencias en aspectos urbanísticos, constructivos, estructurales, técnicos, sociales, económicos.. Una perspectiva bastante amplia. Y útil. Siempre que se quiera abrir los ojos, claro está.

Yo soy muy de mirar. Y mucho de escuchar. Cada vez menos de hablar y más de hacer. Oigo mucho, mucho, mucho sobre vivienda en estos tiempos. Menudos tiempos. Si el ladrillo siempre fue un elemento de inversión en nuestro país, ahora que la inflación devalúa cada vez más el dinero, más aún. La vivienda como propiedad está en nuestra cultura, como mínimo, desde siglo XX. No en bano, el fin social del territorio y todo lo construido sobre él no surge de nuestra venerada Constitución Española. Surge de la Ley del Suelo de 1956. Este elemento es determinante. Créanme, tiene más que ver con todo lo que está pasando de lo que puedan pensar. Y es que se empieza a notar en el ambiente un cierta resignación frente al problema de la vivienda. Donde las soluciones propuestas se basan mayoritariamente en la fuerza del Estado para poner suelo, facilidades y capital para construir. Pero obvia nuestra picaresca para hacer de las leyes, trampa. Y si como sociedad comenzamos a claudicar al derecho a la propiedad, no solo al de la vivienda… cuidado con los “falsos alquileres”.

¿Qué es un “falso alquiler”? Para mi, lo mismo que un falso autónomo. Espero que nadie se sienta ofendido si digo que en España no hemos sido muy esmerados en nuestra cultura financiera personal. Somos muy de trabajar y de pagar. Menos de invertir y de especular (bueno, salvo los pelotazos, que gustan en todas partes) Nuestro modo de ahorro ha sido siempre la vivienda. Cubierta la vivienda, el resto de los ingresos/gastos podía fluctuar. Pero eso, era sagrado. ¿Cuándo se recibe la bonificación por ese ahorro?: en la jubilación. Dejar al peso de una pensión el coste de un alquiler en los tiempos actuales es, en la mayoría de los casos, inviable. Y siento recordar a muchos expertos en hojas de resultados anuales que, como seres humanos, cada vez sumamos más anualidades. ¿Cómo va a asegurarse el espacio mínimo vital de todas estas generaciones que claudiquen de la propiedad, y se resignen a un falso alquiler, cuando se jubilen? ¿Qué ingresos mínimos recurrentes son los necesarios para poder destinar una parte al alquiler actual y otra similar a la inversión para asegurar ese futuro?

En muchos de los discursos y argumentos que se ponen sobre la mesa hablando del Ahora, sería bueno poner un poco de Pasado y un poco de Futuro. Es sencillo, solo hay que seguirle la pista al dinero, no al ladrillo. El que se invierta público vendrá de un incremento de la deuda que devaluará aún más el valor monetario. Y el privado que está invirtiendo, viene mayoritariamente de culturas más financieras que la nuestra. Que están asegurando sus longevidades, no las nuestras. En medio de estas mareas es cierto que la vivienda es un puerto seguro y firme. Para quien la posea. Cuidado con los tikets descuento en barcos ajenos, sean públicos o privados. Existen soluciones reales y globales. Conocidas. Y viables. Remando todos juntos, sí. Cambiando el paso, sí. ¿Innovando? Sí, sí y sí.