Soy muy consciente. Una opinión personal no vale nada frente a la inmensa influencia de las grandes corporaciones. Muy consciente de que lo racional pesa mucho menos que lo emocional en nuestras decisiones. Pero también lo soy de que el status quo actual es insostenible. Y de que los datos son sagrados.
La necesaria r-evolución debe ser más personal y local si queremos que sea un verdadero cambio.
Así que desde la isla que soy yo y mis circunstancias, contemplo los grandes debates sobre el futuro de nuestra sociedad. Viendo como se justifican los que serán grandes motores de nuestra economía: la movilidad eléctrica, la construcción industrializada y el turismo sostenible. Tres grandes continentes que supuestamente producirán los suficientes recursos para que nuestra sociedad siga alimentándose alejada de incertidumbres sobre su futuro. Tres pilares ya conocidos en nuestras épocas de bonanza y gloria.
Entiendo el atractivo que producen estos flujos de crecimiento. Un coche eléctrico es siempre más atractivo que cualquier otro objeto que se le cruce. Como lo es una preciosa vivienda llena de juventud y alegría. Y qué decir de la visión de miles de personas llegadas con sus tarjetas de crédito a rebosar. Dispuestas a dejar su débito y su crédito en nuestro singular contexto cultural y paisajístico. Lo entiendo. Y lo acepto. ¿De qué sirve luchar contra gigantes?
Por gigantes me refiero a los verdaderos beneficiarios de esas imágenes idílicas de paraísos paralelos a la realidad. Porque acepto sus proyecciones. Pero conozco la realidad de quienes no salen en esa fotografía. Si hemos llegado a este momento histórico de concentración de riqueza, no es sino por sucesivas e inmensas operaciones de inversión. Cuanto más grandes y puntales, mejor.
Y si no, háganse estas preguntas:
- ¿Quién va a suministrar la energía para todos esos coches con los que se pretende renovar el parque automovilístico?
- ¿Quién va a financiar las megafactorías necesarias para suministrar vivienda industrializada al sector inmobiliario?
- ¿Quién va a gestionar las infraestructuras hoteleras existentes para dar respuesta a un mercado inflacionista como el actual?
Yo solo soy una isla. Pero desde aquí, sé que necesitamos evolucionar hacia un modelo en el que la producción, el almacenamiento y la gestión de la energía necesaria para mover nuestras vidas y nuestras economías sea de un ámbito mucho más local que hasta ahora. Si queremos evolucionar. ¿Es esto posible? Claro que sí. Los medios están ahí. Los recursos naturales son gratuitos. Y el momento actual abre una ventana en el que todos podemos optar a ayudas nunca antes conocidas. Hasta el punto de hacer viable y rentable esa transición. R-evolución que debe ser más personal y local si queremos que sea un verdadero cambio.
De lo contrario, se hará cierto el principio de “cambiarlo todo para que todo siga igual”. Cambiaremos hipoteca por alquiler. Depósito en litros por depósito en kW. Y vacaciones por días de asuntos propios. Pero todo más de lo mismo, y peor.


