Lo más complicado de cualquier cambio no es tanto saber hacia donde dirigirse, sino más bien, dejar atrás el lugar de partida. Justificando a veces hasta lo injustificable para evitar dar un primer paso. Hay mucho de esto en nuestra postura hacia los cambios en nuestra vivienda. Justificados en demasía por aspectos «externos» (que si no hay subvenciones, que si eso no funciona…) Y pocas veces, analizados desde un puntos de vistas más racionales.
La capacidad de generar energía propia para la inmensa mayoría de nuestras actividades cotidianas es hoy una realidad. Es rentable económicamente, es viable técnicamente y es sólida jurídicamente hablando. Siendo así ¿En algún momento alguien ha dicho que sea sencilla? No. no lo es. Tampoco lo es sacar un líquido viscoso de las entrañas de la tierra, transportarlo miles de kilómetros y transformarlo mediante mucha química y física en un producto como la gasolina. Supeditar la transición de nuestro modelo energético a su comprensión no es más que una manera de justificar nuestro miedo a los cambios.
Cuando una gran empresa eléctrica promociona una «tarifa plana» en la factura eléctrica, no está pensando en la transición hacia un mejor marco energético nacional. Está queriendo conservar a sus clientes a costa de la necesaria conciliación entre producción y consumo.
Un miedo lógico. Pero no justificable. Un miedo comprensible en los clientes finales. Pero inaceptable cuando es incentivado desde los sectores profesionales responsables de materializar ese cambio. Porque está ocurriendo. Los mismos ámbitos empresariales que reclaman a boca llena cantidades ingentes de millones de euros via subvenciones europeas son los que están alimentando una desconfianza precisamente hacia los dos grandes motores de esa financiación «llovida del cielo»: la tecnología y la ecología.
Hace 20 años realicé mis estudios de máster sobre energías renovables aplicadas a la edificación. Entendiendo desde aquellos orígenes la inmensa dificultad y recursos intelectuales aplicados a la conversión eficiente de un rayo de sol en una fuente de energía para nuestra vida cotidiana. Una cadena de valor no entendible por ninguno de sus eslabones de manera aislada. Me explico:
- Un coche eléctrico, por si mismo, no es ecológico
- Unos cuantos paneles fotovoltaicos, por si solos, no son eficientes
Y leído desde el otro punto de vista:
- La desconexión de la red de distribución no es ningún objetivo a conseguir
- En muchos escenarios el aprovechamiento de los sistemas existentes es más eficiente que sus sustitución por principio
Soy muy consciente de la complejidad de todos estos conceptos. Y por eso no señalo a los «contribuyentes» o a los «clientes» como responsables del cambio. Aunque sí, como motores del mismo con sus decisiones. La verdadera responsabilidad recae en la profesionalidad de los agentes que intervienen en esa cadena llena de pasos intermedios. Que deben ayudar activamente a las personas que confían en su asesoramiento a distinguir entre la oportunidad energética y el oportunismo energético.
¿A qué me refiero con ello? Muy sencillo:
- Cuando una gran empresa eléctrica promociona una «tarifa plana» en la factura eléctrica, no está pensando en la transición hacia un mejor marco energético nacional. Está queriendo conservar a sus clientes a costa de la necesaria conciliación entre producción y consumo. Eso es oportunismo.
- Oportunismo es cuando una pequeña instaladora vende a su cliente la idea de que «con estas placas en el techo usted va a tener luz gratis de por vida». Porque ni los paneles fotovoltaicos tienen superpoderes, ni serán capaces de satisfacer el consumo nocturno, o las situaciones de emergencia si se cae la red habitual.
- También es un cierto oportunismo energético la cantidad de publicidad verde y llena de supuesta tecnología que se está haciendo desde una parte del sector inmobiliario. Cuando carece de esos planteamientos en su diseño, y su equipamiento tecnológico es, en el mejor de los casos, opcional.
Estos oportunismos energéticos, sumados en un efecto resonancia, están generando un efecto muy peligroso para el escenario lleno de retos que como sociedad debemos enfrentar. Puesto que lleva a una gran mayoría al inmovilismo, a «no hacer nada», a «seguir con lo mismo». Y la parte que aún así se atreve a dar el paso, la lleva a un camino a medias en el que la decepción está asegurada. Pienso en las familias que han visto su factura crecer aún habiendo instalado «las placas milagrosas», o los clientes que han entrado en sus pisos nuevos y han encontrado que, lo nuevo, era tan solo la fachada.
Se habla de rentabilidades anuales de la inversión del 9,4%. Nuestras aproximaciones elevan esas cifras hasta el 16% al sumar movilidad eléctrica.
Leía estos días un artículo muy interesante sobre la desinformación generado entorno al almacenamiento local y conectado. Uno de los eslabones imprescindibles en la cadena de transmisión hacia una fortaleza energética. Demonizado por un titular repetido hasta la saciedad: «es muy caro». En este artículo se dan no pocos argumentos y datos de peso para desmontar esa leyenda urbana:
- Los cálculos suelen tener en cuenta la capacidad nominal de los equipos y no la real.
- Las baterías tienen una vida útil que va más allá de los ciclos asegurados.
- La reducción de la potencia pico de consumo.
- La carga de costes sobre la batería que corresponden a otros capítulos
- El futuro rendimiento de estos sistemas englobados en comunidades energéticas

Las comunidades Energéticas y su Implantación | Verdia Legal
A estos efectos, desde www.truetalk.es añadimos algunos factores que también sumar al beneficio multilateral del nuevo modelo energético que proponemos (que no es tan nuevo, y está generado inmensos beneficios en aquellas sociedades que los están implementando de manera integral):
- La capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia
- La integración con la cuenta de resultados de la movilidad
- La reducción de consumos mediante equipamiento tecnológico en la vivienda
En el artículo referido, se habla de rentabilidades anuales de la inversión del 9,4%. Solo con la integración del almacenamiento conectado en la cadena de valor. Nuestras aproximaciones elevan esas cifras hasta el 16% cuando sumamos movilidad eléctrica. Cuando es alimentada con producción local desde casa. Y aquí aparece el título de esta reflexión compartida (agradeciendo el llegar hasta aquí):
Es una sensación muy desagradable ser considerados como cigarras cuando se trabaja como verdaderas hormigas. Soy consciente de que muchas personas tienen esa sensación hoy en día: «Solo trabajando mucho se puede conseguir apenas un poco». Y trasladan esa experiencia en modo de temor a la producción de energías desde el propio hogar: «¿Cómo haciendo casi nada voy a conseguir tanto?» Pues sí, es posible. Es cierto que nadie regala nada… pero el sol, a día de hoy, es gratis. El peligro no está en recibir beneficio por hacer las cosas bien. El verdadero peligro es permitir que las cigarras, sigan explotando a las hormigas.
Si has llegado hasta aquí, y crees que debo señalar con claridad quién es la cigarra y quién la hormiga en esta historía, no tienes más que pedirlo. Aquí, nos gusta hablar claro. Aquí, somos TRUETALK


