Nunca dejará de sorprenderme. La velocidad con la que responde el mercado a las necesidades es increíble. Demostrando una, y otra, y otra vez, que las compras, no son una cuestión racional. Son una cuestión emocional. Aquí los argumentos no valen. Lo que priman, son los sentimientos. Y el de indefensión que ha provocado el apagón del día 28 ya ha calado en todas las empresas, comercios y productos relacionados con la energía eléctrica. De manera tan rápida como la propia caída de la red. ¡En segundos! Las mismas cuñas publicitarias que hasta ayer ofrecían “placas” hoy ofrecen “pilas”. En un santiamén, ¡es increíble!
En medio de todo este frenesí, mi parte racional es incapaz de evitar la pregunta: este fenómeno… ¿es positivo o negativo? No me negarán que la pregunta, en un contexto eléctrico, no deja de tener su cierta gracia. Más aún, si adelanto que mi respuesta intentará ser lo más “neutra” posible. Partiendo de un sí rotundo. Sí, creo que todo lo que implique revisar nuestros modelos de gestión, es bueno por naturaleza. La inmensa inercia de nuestra inmensa velocidad cotidiana no deja espacio para revisar casi nada. Y cuando revisamos, lo hacemos desde la inmediatez y para la inmediatez. Las revisiones tienen que ser rápidas y generalmente, para ir más rápido. Es el signo y la velocidad de los tiempos.
Estoy seguro de que en estas semanas, se venderán miles y miles de baterías de cualquier capacidad, potencia, material y robustez que puedan llegar a imaginar: grandes, pequeñas, de litio, de sodio, con transformador, sin transformador, con ruedas, sin ruedas, carga rápida, carga super rápida, carga meteóricamente rápida…
Esta forma de vender me recuerda a mi infancia. Cuando los helados, se vendían “en barra”. Los veranos en el Sur son siempre calurosos. Y cuando uno llegaba al mostrador de la heladería, el 90% por ciento de la venta ya estaba hecha. Tuviera lo que tuviera el heladero, yo lo necesitaba. Y entonces aparecía aquella barra de sección perfectamente cuadrada dividida en dos preciosos colores: blanco y rosa. Nata y fresa. El cuchillo se posaba sobre un punto de esa deseada pieza, y la pregunta caía por su propio peso, como las gotas de sudor de mi frente: “¿Cuánto quieres?”
Menuda pregunta. Cuánto iba a querer. ¡Todo! Yo quería todo el helado que pudiera suministrarme mi camello del azúcar bajo cero. Si me hubiera preguntado “¿Cuánto puedes pagar?” o “¿Cuánto es recomendable que tomes según la Organización Mundial de la Salud?” pues las respuestas hubieran sido otras. Pero … ¿cuánto quieres? A quién se le ocurre.
Tengo la sensación de que, con el almacenamiento energético va a ocurrir como con el heladero de mi pueblo. Todo aquel que tenga baterías, va a colocarlas en el mercado… al corte. Por el corte (el de suministro, entiéndame la ironía) Le vengan bien, le vengan mal, tengan la tecnología que tengan y las posibilidades de integración que tengan. Todo eso dará igual. Hoy hay miedo en el mercado, y todos queremos nuestra batería.
- ¿Cómo se integra con el resto de nuestro esquema energético? No importa: batería
- ¿Cómo dimensionamos su capacidad y modulamos su uso? No importa, batería.
- ¿Qué debemos revisar además de si podemos pagarla o no? no importa, batería.
- ¿Qué sería mejor revisar consultando a expertos independientes antes de tomar una decisión de este calado? No importa, ChatGPT y batería. (¡Habrá mejor vendedor de helado en barra que chatGPT, hombre!)
Y si la que tienen a su disposición no es la que más le conviene, ya verá usted como al final se la lleva igualmente. Con el mismo arte que tienen las madres con el helado en barra (hoy es su día, felicidades a todas) ¿Que al niño no le gusta la nata y a la niña no le gusta la fresa, y el único helado que hay es de nata y fresa? Sin problemas. Le va a dar usted dos cortes: uno por lo que puedo pagar, y otro por la mitad. Mitad de sabor para uno, mitad de sabor para la otra. Y listo. Hasta el próximo apagón.


