Hoy hemos tenido la suerte de recibir en la Escuela a José Toral, el 50% del estudio Peris+Toral Arquitectes. Había que verlo para disfrutar de la energía que ha compartido. Un sinfín de obras basadas en diferentes hilos conductores: la evolución de la distribución del espacio doméstico, el cuestionamiento de los modelos actuales, la optimización en el uso de los materiales, las estrategias pasivas de acondicionamiento… Esto no pretende ser un resumen. Ojalá la Escuela lo haya grabado para quien tenga interés en conocer más de su obra.
Uno se formó junto a grandes expertos en aquello del bioclimatismo allá por los 90 del siglo pasado. Oír hablar de los atrios, del efecto Venturi, de la inercia térmica y de la ventilación cruzada en 2025 sabe a gloria, sin duda. Pero es una música muy, muy conocida. No diré que es parte de la metodología de la «escuela sevillana», ya me gustaría a mí. Pero sí, que esa base de conocimiento está en nuestro ADN. Hay quien la asume, hay quien la repudia, hay quien la ignora. Como en todas las familias.
El motivo de debate, en la presentación y espero algún día en nuestras Escuelas, es el uso de la palabra sostenibilidad. Escuchar a José Toral me ha motivado mucho a plasmar este pensamiento. Y es que, tras repetir la palabra en varias ocasiones, me he animado a preguntarle por las capacidades energéticas y tecnológicas de sus propuestas para vivienda.
Su respuesta ha sido contundente: «Nos guiamos por nuestros asesores. Producir energía hace que se consuma más, y esto no beneficia. Así lo recoge la Paradoja de Jevons. Además, los paneles fotovoltaicos evolucionan constantemente, y hace que las inversiones se queden desfasadas en muy poco tiempo. Nuestro criterio es que las casas consuman lo menos posible. Y que no produzcan».

Vaya por delante: lo entiendo perfectamente.
En el panorama actual, que consigan reducir la huella de carbono de sus construcciones y el consumo en climatización en el uso cotidiano, ya es un logro. Conozco la paradoja de Jevons. Y sé que está ocurriendo. A medida que tenemos energías más baratas gracias a las renovables, los niveles de consumo no solo no están cayendo, están subiendo. ¿Un poco de locos verdad? La economía del decrecimiento no es para todos los gustos, está claro. Si yo no hubiera empezado a interesarme por estas cuestiones hace décadas, estaría fascinado, lo prometo. Se llama efecto Dunning-Kruger. Te acercas a un área de conocimiento, te empapas porque te apasiona y claro, crees que lo dominas en un ratito. Y no es así.
Sin ir más lejos, a mí, entender (y asumir) que la sostenibilidad no es ya posible me costó muchos años, muchas lecturas y muchos disgustos. He peleado media vida por defender una construcción sostenible. Ya no es posible, qué le vamos a hacer. El impacto de la construcción se puede compensar, en ningún caso anular. Y mucho menos, por sí misma. Solo mediante acciones externas a lo construido (por ejemplo, la reforestación) es posible acercarse a un balance cero…Perdón, volvamos al debate, que me distraigo:
¿Debe una vivienda producir energía?: Yo digo que sí.
He meditado esta respuesta. Porque en mi pregunta introduje también el aspecto tecnológico. El impacto que «la nube y los cómputos intensivos» producen en otros territorios lejanos del lugar donde se realiza la consulta, o el teletrabajo, o se ejecuta el videojuego…
El matiz viene después (que diría Mecano). Si consideramos esa producción energética como elemento lucrativo, si lo maximizamos para obtener ganancias dinerarias (o reducirlas) sin contexto alguno, entonces alimentamos la paradoja de Jevons. Y efectivamente, el remedio se hace peor que la enfermedad. Por ilustrarlo brevemente, sería esa sensación de poner lavadoras como si no hubiera un mañana porque «tenemos placas en el tejado y hace sol». ¿Tiene sentido tenerlas para eso? No, sin duda. Estoy con José, para eso no.
Es por esto que cambiaré el término PRODUCIR por ASUMIR. Los edificios deben asumir el impacto no solo del servicio residencial que prestan a sus ocupantes. Sino también responder ante los cada vez más servicios que sus ocupantes demandan o realizan en sus espacios. Porque si no lo hacen, y los edificios miran hacia otro lado en el uso intensivo de energía que requieren esos servicios «lejanos», será una forma de externalizar las responsabilidades. Y sobre externalidades hoy se ha hablado mucho. Pero solo en el ámbito material. La descarbonización no sabe de fronteras. Ni entre lo material y lo digital. Ni entre la construcción y la vida útil del edificio.
Nuestra profesión, si quiere seguir optando a mejorar la vida de las personas, a proteger el territorio en que se asienta y a las comunidades en que se desarrolla, debe mirar de frente estas externalidades. Estas responsabilidades. Al fin y al cabo, no dejan de ser oportunidades para imaginar ese futuro alternativo que haga al presente actual totalmente obsoleto. Qué buena conclusión ha elegido para la sesión de hoy. Tremendamente estimulante. Bienvenido sea el debate a la Escuela. Y las ganas de debatir. Que falta hacen.
Gracias José por tu buena energía. Y a Peris+Toral, por lo estimulante de sus argumentos y propuestas


