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Esta semana ha llegado al mercado español uno de los elementos más populares en el mercado doméstico internacional: el Google Home. No por casualidad. Más del 70% de los jóvenes estadounidenses consideran que la revolución más importante de los próximos 5 años será la del hogar, y más de un 40% de sus hogares disponen ya al menos de un dispositivo.

¿Qué tienen para entusiasmar tanto? Bueno, posiblemente mucho más de lo que hoy por hoy llama la atención. Es verdad que puedes hacerle las mismas preguntas que a Google, y disponer de la misma cantidad de información que con el famoso buscador pero… ¡hablando con él! Y esto es más que cómodo. Ya no tendremos que teclear una pregunta en nuestro dispositivo móvil. Simplemente, hablaremos con nuestro asistente: desde la cocina, desde el sofá, desde la cama…Y funciona, vaya si funciona. No esperemos una conversación fluida y sofisticada (por ahora). Pero funciona.

Y eso está muy bien. No por comodidad, que también. Sino por la naturalidad que introduce en nuestra futura relación con la tecnología. Una, y singular. Bueno no, cuatro tecnologías. Por ahora, son cuatro los asistentes virtuales que están ofreciendo una respuesta natural a nuestra voz: Siri, Google Assistant, Alexa y Cortana. Hay alguno más pero no llegan a esta escala. Desde el punto de vista comercial, la batalla es convertir estos altavoces (que también son micrófonos, y también dispositivos conectados a la red) en puntos de venta para sus usuarios. Añadir un producto a una lista de la compra, o preguntar qué tienda ofrece el mejor precio sobre un producto, o consultar el restaurante de moda en el barrio será algo más que sencillo con estos “cacharros”. Y un negocio muy poderoso por descubrir.

Y eso está bien. Pero lo que la mayoría no aprecia, es la “deslocalización” de su asistente. Cada vez que hablamos con él, o con ella (disponemos de distintos tonos de respuesta según preferencias) no nos responde el altavoz propiamente dicho. Nuestra voz es digitalizada, transportada a grandes y distantes servidores informáticos, procesada y respondida por esos mismos servidores. El altavoz solo es el principio y el fin de un maravilloso proceso. En el que nuestro asistente se nutre de información proveniente de millones de personas como nosotros, a la vez que personaliza su respuesta específicamente para nuestro entorno, nuestro gusto y nuestras preferencias.

El altavoz inteligente solo es el principio y el fin de un maravilloso proceso

Y eso está muy pero que muy bien. Porque, bien usada la potencia del asistente virtual y bien diseñada la tecnología con la que interactúa en nuestro entorno personal, el campo de posibilidades de mejora se amplía hasta donde nuestra imaginación (y nuestra necesidad) pueda llegar. Un sistema que se actualiza con todo, que habla con nosotros, y que se contenta con nuestro entorno en cada momento. ¿Os lo imagináis? Esto va mucho más allá de la domótica, de la decoración o de una moda. Se trata de la primera oportunidad de simular la mejor respuesta singular posible ante cada uno de los escenarios en los que se desarrollan nuestras vidas con una potencia de acción conjunta.

es el comienzo de una relación diferente entre el espacio que habitamos, sus recursos y nuestros estilos de vida

Y eso, está más que bien. Eso se llama revolución. Tal vez para los publicistas que tienen que propiciar la venta ante un público aún no adentrado en estas posibilidades se trate solo de un cacharro más. Pero para mi, es el comienzo de una relación diferente entre el espacio que habitamos, sus recursos y nuestros estilos de vida. Y como Arquitecto, me siento francamente fascinado por el campo de posibilidades que abre. Soy plenamente consciente de su trascendencia. En menos tiempo del que pensamos, el espacio se adaptará a nuestra mera presencia: la temperatura, la iluminación, la seguridad…. Y a la vez, será sensible a nuestros niveles de consumo, a la disponibilidad de recursos y a la proyección de nuestros hábitos y nuestro entorno en nuestra cotidianidad inmediata. Participando la tecnología en la toma de decisiones junto con nuestros criterios. Aprendiendo de las combinaciones más eficaces y evitando las más perjudiciales. Para nosotros como individuos, y como parte de un ecosistema superior. Esta nueva tecnología no es un fin en si misma, sino un medio para una nueva forma de habitar, actualmente en proceso de diseño.

Algún día miraremos a estos días, y recordaremos que todo, comenzó aquí. Con un simple altavoz. ¿Lo hablamos?