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5 preguntas para un debate sobre vivienda

Jun 13, 2025 | La nueva vivienda, Residencial

Recientemente se me ha cruzado la oportunidad de compartir con grandes profesionales mi opinión sobre la industralización en el sector de la vivienda. No ha podido ser en esta ocasión. Eso sí, la semilla del debate arraigó fuerte, y la única manera de quitarse esas “malas hierbas” de la cabeza (¡dichosa inquietud!) es compartirlas en modo escrito.

¿Tiene interés? Díganmelo ustedes. Mi experiencia me ha permitido colaborar codo con codo con profesionales de muy diferentes puntos de vista: ingeniería, abogacía, empresariales, finanzas, psicología, arte, humanidades … Dando lugar cada respuesta desde cada área a lo que hoy llamamos …sesgo. Posiblemente, si compartiera mis respuestas, también ustedes percibirían el sesgo de mi formación. O más bien, la ausencia de la respuesta esperada. En estos tiempos, la respuesta de la arquitectura ante los problemas de la sociedad parece obligada a venir en forma de imagen hiperealística o de fotografía de hechos consumados. Y no siempre es el medio adecuado.

Cuenta la leyenda la magnífica respuesta de Enric Miralles ante el encargo de unos banqueros para su nueva sede: les envió no una maqueta con su idea, sino una preciosa mesa para que se sentaran entorno a ella y depuraran el encargo antes de cualquier posible respuesta por su parte. ¿Qué genialidad verdad? Salvando las distancias, mi «mesa de cinco patas» en forma de preguntas como agradecimiento ante la posibilidad de ese interesante debate:

La vivienda, ¿es un producto o es un servicio?

La primera para mi, antes de hablar de industralización, viene fundamentada por el razonamiento económico de Rifkin a principios de este siglo. En el que hablaba sobre la inevitable transición desde un mercado de productos con producción altamente centralizada y una inmensa red de distribución, hacia un modelo de servicios fuertemente distribuido. Donde es el conocimiento y no la producción lo que se centralizaba… ¿ les suena?

El cliente de esa vivienda, ¿es de corto o de largo plazo?

Obvio que la respuesta no está solo condicionada por la pregunta anterior. También lo estará por la naturaleza del propietario de la vivienda. Y por el régimen de la relación entre el habitante y el propietario. Una relación en plena catarsis en los tiempos que corren. Es importante recordar estos diferentes escenarios. Porque la creación de vivienda debería adaptarse a esta nueva realidad, y no tanto adaptar la realidad al tópico de que la vivienda “se vende”.

La transformación del modelo de vivienda, ¿dónde comienza?

Parece una pregunta trampa. Y posiblemente lo sea. Pero es que hay tanto ruido sobre la forma en que vamos a construir tantas nuevas viviendas necesarias y tan poca visibilidad para el discurso sobre lo que aportan y suponen esas nuevas viviendas, que la cuestión me parece más que pertinente. ¿Más nuevas iguales viviendas? ¿Acumuladas en más iguales bloques? ¿Distribuidos en más igual ciudad? ¿No será que estamos cambiando la forma en que comunicamos, vendemos, promocionamos, legislamos… pero en el fondo queremos hacer más de lo mismo? Se habla mucho del coste de la innovación: ¿Cuánto nos está costando no cambiar nada?

En ese cambio de la vivienda, la tecnología ¿es una herramienta, un equipamiento o un nuevo paradigma?

Aquí tendremos que volver a abrir los ojos, bien abiertos, y diferenciar claramente lo que se dice que se hace de lo que realmente se hace. No cabe duda de que algunas empresas están haciendo algunos esfuerzos para incorporar algunas tecnologías en su caja de herramientas. Para hacer… ¿qué? ¿Productos o servicios? ¿para venderlas lo antes posible, o para ponerlas a disposición de sus clientes durante largos periodos de vida? ¿Para hacer casas, bloques, o para hacer ciudad? No se engañen, la industralización no es más que una expresión del momento tecnológico que estamos viviendo. Y por eso, mi siguiente pregunta

¿Qué escala implica la industralización?

Olvídense del sueño colectivo de una inmensa fábrica en la que entran materias primas por un lado y salen casas relucientes por el otro. No existe una única industralización. Existen muchos modelos. Desde lo macro, hasta lo micro. Cada vez más empresas e instituciones están interesadas en comprar productos industrializados. De producción propia, o ajena (por no decir “venidos de oriente” ) Muchas menos lo están en invertir en la propia industralización. En la investigación que supone. Compran la industralización como herramienta en la producción de los mismos productos de siempre. Como respuesta a la falta de manos de obra. A los plazos y a los mercados que así lo exigen. Y lo entiendo. Por eso investigo y ofrezco otros escenarios más beneficiosos. Para los actores, para los protagonistas, y para el entorno de la edificación residencial.

Debemos reinterpretar la vivienda como un servicio a largo plazo a sus habitantes (propietarios o no). Integrando las posibilidades de la tecnología (incluida su industralización) como parte de sus recursos. A lo largo de todo su ciclo de vida. No solo en su construcción y comercialización. Incorporando a la escala física de la construcción una escala temporal y una escala operacional. Por responsabilidad y por rentabilidad. Mientras no cambiemos estas premisas, seguiré haciendo la misma y última pregunta:

¿Qué quieren industrializar, el futuro o el pasado de la vivienda?

Gracias por llegar hasta aqui. Y por aportar. Y por debatir. Y por difundir.