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Una de las mayores transformaciones que va a suceder en nuestras viviendas será la gestión de su consumo energético. El porqué es sencillo: el 20% del consumo mundial se produce en el ámbito residencial*, solo en su mantenimiento. Sumándole el 28% del consumo producido en transporte rodado*, tenemos la mitad del consumo vinculado al hecho “edificatorio”. Así de claro. Lo complicado es entender las posibilidades de su transformación. Más allá de reducir el importe económico del mal llamado “recibo de la luz”.

Reconozcámoslo: no tenemos ni idea de lo que consume la mayoría de actividades, dispositivos, hábitos y servicios de los que disfrutamos en nuestros hogares. Podríamos encontrar muchos motivos para esta situación:

  • El constante aumento del precio
  • La complicada lectura de la factura
  • La difícil repercusión de los métodos tradicionales de ahorro en el importe final
  • La variedad de fuentes energéticas utilizadas (electricidad, gas, gasolina..)
  • Las constantes incorporaciones de nuevos puntos y formas de consumo

Cada una de estas realidades bien merecerá una entrada. Pero el objetivo es focalizar una nueva realidad. Desde la indefinición de la actual. Porque la mayoría coincidiremos en el elevado coste de la energía. También en el mínimo margen de maniobra que ofrecen las soluciones residenciales actuales. Todos queremos acometer medidas que nos permitan… ¿que nos permitan qué?:

  • ¿Reducir el consumo?
  • ¿Reducir el importe de la factura?

Objetivos loables y necesarios pero desconocedores de algunas variables que tenemos que introducir sí o sí para conseguirlos:

  • La generación local de energías limpias
  • La gestión del intercambio en red de cercanía de la energía producida
  • La variable de movilidad en el cómputo del consumo doméstico

Este escenario ampliado nos ofrece una hoja de ruta mucho más precisa. Y a la vez, sencilla de seguir:

  • Conocimiento y captación del potencial energético vivienda a vivienda
  • Conocimiento de los hábitos de uso de la energía
  • Equilibrio entre la producción disponible y el consumo necesario
  • Gestión de excedentes y carencias mediante transacciones económicas seguras

Si en el primer punto será la Arquitectura quien deberá dar respuesta en poco tiempo, tanto en el conocimiento como en el equilibrio y la gestión, disponemos de muchos recursos que nos permiten actualizar nuestras vidas y viviendas a esta nueva y mejor realidad:

  • Con poca inversión
  • Con poca obra
  • Con fácil aprendizaje

Y sobre todo, con una premisa clara: la imprescindible incorporación de una capa tecnológica amable para esta necesaria transición:

  • Permitiendo conocer los focos, cuantías y relevancia de cada uno de nuestros consumos y producciones de manera instantánea, segura y transparente
  • Optimizando la realización de estos respecto a nuestra capacidad productiva y nuestro potencial de almacenamiento
  • Facilitando la gestión de sus ciclos sin dedicación de nuestro valioso tiempo y atención
  • Asegurando una valoración económica justa y sólida de todos los consumos y beneficios producidos
  • Generando una inteligencia compartida real que permita mejorar el sistema gradualmente

Se hablará mucho de la transición energética en este tiempo. No solo por los distintos marcos políticos, sino por las realidades objetivas:

  • La mayor rentabilidad de la energía renovable descentralizada frente al sistema actual
  • La capacidad de la tecnología para gestionar este marco. En su faceta física, digital y económica.
  • La necesidad ambiental de este cambio
  • La mejora en la calidad de vida a nivel individual y colectivo

Lo importante verdaderamente, es que hablemos de esto: de la transición tecnológica. De manera rigurosa y global. Transición tecnológica que posibilitará la transacción energética y no solo la reducción del consumo. Porque ya no depende de la evolución de la técnica. Ni de la evidencia ambiental. Ni tan siquiera de la rentabilidad de la inversión. Todo eso, ya está aquí hoy. Ahora, tan solo depende de ti.

*fuente IEA, año 2015