955341457 info@truetalk.es

Creo que el juego del “amigo invisible” es más que instructivo en estos tiempos que corren. Y me sirve para ilustrar las posibilidades que las herramientas digitales pueden aportar a nuestra sociedad en la situación actual de confinamiento y desescalada. Y a la vez, los riesgos que implica su uso.

Antes de integrarlo en mi familia, cada Navidad nos regalábamos todos a todos. ¡Una locura!. Un regalo para  papá, otro para mamá, otro para cada hermano… Y así todos. Eran muchas compras, mucho dinero y poco acierto en la mayoría de los casos. Pero por entonces se veía… “poca cosa” eso de comprar un solo regalo, y así seguíamos año tras año. Heredábamos la tradición de nuestros padres que con tanto cariño y celo lo habían hecho cuando éramos pequeños, y ninguno nos atrevíamos a ofrecer alternativa alguna.

Luego se fueron incluyendo los cuñados. Y después, los sobrinos. Y con los sobrinos, las parejas de los sobrinos… Y llegó ese momento en el que el regalo paso a ser un dolor. No recuerdo bien quien introdujo la idea del “amigo invisible”, pero sí la emoción de aquella reunión previa para su organización. Todos los nombres en papelitos plegados mezclados en un cuenco. Repartidos y… asignados. Aquel gesto cambió nuestra relación con la Navidad. Y se convirtió en un gesto de inteligencia, de generosidad y de respeto.

¿Por qué?:

  • Inteligencia: sin perder el objetivo de agradar y unir a la famillia, hizo que gestionáramos nuestros recursos con mayor eficiencia.
  • Generosidad: todos renunciábamos a nuestros egos, a nuestras preferencias y nuestos prejuicios. Aceptando regalar a quien el azar decidiera. Permitiendo que todos tuviérmos un regalo digno y cuidado.
  • Respeto: participar en el Amigo Invisible implicaba aceptar las reglas, mantener el secreto y mantener el precio pactado para todos los regalos comprados.

Estamos en abril y la Navidad queda atrás. Hoy estamos confinados en nuestras viviendas, preocupados si no asustados por el virus que se ha extendido por todo el planeta y pone en peligro la salud de nuestros seres queridos. Una crisis que nos está obligando a invertir recursos económicos que no tenemos, y a renunciar a la apertura de nuestros negocios y empresas.

Y entre otros muchos ruidos, escucho hablar del uso de la tecnología para luchar contra los efectos del coronavirus desde planteamientos muy polarizados. En un extremo, quien la defiende como una mera resignación al control desde el Estado (que cada uno entienda lo que quiera por Estado y por control) En el otro, quienes la critican con verdadera vehemencia como el enemigo número uno de la libertad.

No puedo dejar de preguntarme qué es libertad en el escenario en el que todos hemos perdido la libertad de movernos. De preguntarme si el mito de la libertad ilimitable nos nos llevará al mismo abismo que el de los recursos ilimitables. ¿La libertad de no rendir cuentas nadie sobre su estado de salud va a limitar mi libertad de movimiento hasta cuándo, a poner en riesgo la salud de mis mayores hasta cuándo..? Es un debate interesante, pero no es mi intención entrar en polémicas (aunque si tengo que hacerlo, lo haré desde el respeto a los argumentos, no tengan duda) Pero si aclarar algunos aspectos de algunas de las líneas en las que se está trabajando. Déjenme definir algunos conceptos previos:

Respecto al COVID-19 y sus características

  • Gran parte de la  gravedad de este virus respecto a otros es el tiempo que se mantiene latente en una persona sin dar síntomas de infección. En el orden de los 15 días.
  • A esta dificultad se une la posibilidad de estar presente en personas que no den síntoma alguno pero que puedan infectar a terceras.

Respecto a las tecnologías disponibles para su control:

  • Una aplicación es una utilización muy concreta de múltiples tecnologías. Físicas y digitales. El discurso no puede quedarse en “aplicación sí/ aplicación no” Se han hecho propuestas de aplicaciones muy, muy alejadas de las tecnologías usadas con éxito en otras culturas y paises, intentando igualarlas por llamarse app.
  • La geolocalización es una herramienta implantada en nuestra sociedad desde hace muchos años. El uso masivo de teléfonos móviles pasa por la situación de cada uno de ellos para poder conectarlos a una red común. Hace tiempo que estamos geolocalizados de manera útil. Y si se me aprieta, diré que hoy es el momento de mi vida en que más geolocalizado estoy. Ya que estoy obligatoriamente en mi casa y seré penalizado en caso de no estarlo.

Y por último, y para mi más importante. Y aquí entra la metáfora del amigo invisible. El proyecto internacional más ambicioso que se está desarrollando para combatir la pandemia NO SE BASA EN LA GEOLOCALIZACIÓN.

La alianza internacional de grandes instituciones públicas y  empresas privadas está desarrollando un sistema de intercambio de códigos encriptados entre dispositivos móviles, independientemente de su situación, sistema operativo, modelo O POSICIÓN. ¿Recuerdan el papelito del amigo invisible? Pues el concepto es muy similar. Se le asigna a cada móvil un papelito, un código. Cuando está próximo a otros móviles, se mandan copias de sus papelitos unos a otros. Con el compromiso de no abrirlo y con una caducidad de 14 días. No hay más. La INTELIGENCIA es usar una herramienta tan universal, potente y difundida como es el móvil. La GENEROSIDAD está en permitir que este intercambio entre en todos, asumiendo la protección de datos, el coste de esta innovación y el mantenimiento del sistema. ¿Y el RESPETO? El respeto tal vez sea el que no estamos teniendo ante lo desconocido, hacia lo invisible. El RESPETO está en no personalizar en ninguna marca, estado o interés un proyecto global. Como lo es la amenaza vírica.

Pasados 14 dias desde que empieze este amigo invisible global, todos los papelitos que intercambié con todos los amigos con los que me crucé, simplemente desaparecerán. Muchos o pocos, próximos o lejanos. Porque la orden está en el propio contenido del papelito y no en la conexión del móvil. Pero ¿qué pasa si en un análisis doy positivo al Coronavirus? ¿Tendré que tirar de memoria para recordar a qué personas he podido infectar, y advertirles? Tal vez. Pero con aquellos que hayan querido disponer de esta herramienta, el mismo método de conexión advertirá de que mi papelito (no mi nombre, no mi posición) tiene esa noticia. Y podrán tomar las medidas que consideren oportunas. No matemos al mensajero. Esta es la filosofia del proyecto del que tanto se habla y tan poco se conoce.

Casi todos hemos estado involucrados de una manera u otra en alguna ronda de amigo invisble. ¿Recuerdan quiénes eran los que reventaban la utilidad y magia de este juego? Yo sí:

  • Los que se empeñaban en saber a quién te había tocado, y ponían todas sus fuerzas en desvelar el secreto y no en hacer el mejor regalo posible.
  • Los que se saltaban el precio marcado, por encima o por debajo. Buscando un protagonismo innecesario o una beneficio inmerecido (el del regalo que recibían) sin aportar en la misma medida

Y sobre todo

  • Los que no llevaban regalo alguno. Y en medio de la fiesta soltaban su discurso sobre lo infantil del juego, o la falta de tiempo para ir a comprar un detalle… Esos eran los peores. Porque al final se llevaban su regalo, y dejaban a su amigo asignado con el desconsuelo de su mala suerte.

Hoy combatimos una enfermedad que pone en peligro a nuestros mayores. A nuestras relaciones sociales. Y a nuestro estilo de vida (aunque sobre este tal vez estaría bien una revisión profunda) Pasado más de un mes aún no tenemos un mapa de nada. Abrirmos recursos hospitalarios a ciegas, adquirimos material sanitario a ciegas, tomamos decisiones de desescalamiento a ciegas… Discúlpenme, pero estoy cansado de que el mantenimiento de las costumbres (burocráticas) me obligue a regalar TODO mi tiempo a TODO el mundo porque simplemente, no saben jugar al amigo invisible.