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Se acaba de inaugurar un precioso edificio en el norte de Europa con 3.000m2 de superficie de captación solar. Toda una piel capaz de generar casi medio millón de kWh al año (un hogar medio en España necesita 3.200 en el mismo periodo). Abasteciendo no solo gran parte de sus necesidades de consumo, sino a sus vecinos y al transporte de su zona.

¿Cómo definimos este edificio? Llevamos tanto tiempo inmersos en la cultura de la reducción, del ahorro, del consumo casi nulo, que el encontrarnos frente a frente con una bestia de este calibre nos descoloca. Porque evidencia que no se trata de mejorar las reglas del juego. Es que se trata de otro juego. Bien distinto. En el que el perdedor ya no tiene porque ser el usuario, ni el ganador, el de siempre.

Yo he decidido bautizarlo como “edificio irresponsable”. Porque a primera vista, se trata de toda una locura bajo los parámetros habituales del sector inmobiliario. Semejante cantidad de recursos inmovilizados en un aspecto que no mejora la calidad ni la cantidad del espacio ofertado al mercado… qué locura, qué irresponsabilidad! Y una de las acepciones del término, así lo verifica: “circunstancia de ser el culpable de una cosa”.

Pero es que, por pura negación, este edificio también deja de ser responsable de la gran verdad escondida tras el sector inmobiliario. Ya no participará en ese 40% de consumo energético mundial. Ya no será un consumidor pasivo. Ya no será responsable de esa huella ecológica de la que tanto se desentienden al presentar los nuevos productos de la construcción. Y por tanto, será un edificio de nuevo “irresponsable”.

pagar por lo que tenemos gratis es insano. Estúpido e insano.

Puede que, visto en la singularidad, parezca solo una excepción. Sin mayor trascendencia. Porque parece que son los grandes números los responsables de nuestro destino y no las “curiosidades”. #Tesla al principio era eso, una curiosidad. Pero estos días se está destapando el nuevo escándalo europeo de la automoción. Del cual no tendrán muchas noticias, pero que “haberlo, hailo”. Los productores de vehículos convencionales están retrasando intencionalmente la producción y venta de vehículos limpios ya que sus obligaciones dentro de cinco años estarán marcadas por los índices de polución de este ejercicio. ¿Qué quiere esto decir? Que, cuanto más coches sucios estén en la calle, y menos limpios, más suciedad será permitida. Y aunque a nivel medioambiental sea demencial el razonamiento, parece que a nivel contable las cuentas salen. Mejor pagar la multa y minimizar el castigo que hacer las cosas bien. Enlazamos con el canal de Saúl López que lo explica de maravilla (“no quieren vender eléctricos antes de 2020″)

Y entonces uno mira el sector inmobiliario. Y entiende que algo parecido está pasando. Porque no es normal que siendo tanta la responsabilidad en la crisis climática, y tanto el conocimiento para paliarlo, sigamos haciendo “pisos tontos” en vez de “pisos listos”. ¿A qué llamo yo un “piso tonto”? A todo aquel que es incapaz de aprovechar los recursos naturales y gratuitos que tiene a su disposición? Llámese sol, agua, viento, tecnología…Claro que, si sabemos que los responsables de la normativa han sido fuertemente presionados por los responsables del sector de la construcción. Y que los responsables del sector inmobiliario en muchas ocasiones tienes intereses en el sector energético… Pues nos será más fácil entender las responsabilidades (e irresponsabilidades) de cada uno.

Así que… bienvenidos sean todos los edificios irresponsables del deterioro de nuestra casa común. Capaces de generar recursos para su entorno. Liberando insanas contaminaciones de dependencias crónicas. Porque pagar por lo que tenemos gratis es insano. Estúpido e insano.

Y más aún: bienvenidas sean todas las personas que quieran ser irresponsables de esta barbaridad. Porque no hay que esperar a que los noruegos vengan a hacernos maravillas de este tipo. Nuestra tierra está plagada de recursos, de oportunidades y de personas capaces de hacerlo. En nuestras propias casas. En nuestras propias vidas. Es solo cuestión de “responsabilidad” (dícese de la cualidad de la persona responsable) Y de beneficios. Porque quien crea que los noruegos no van a ganar dinero con su planta energética inmobiliaria, es que no está muy puesto al día de la realidad en la que vive.