Lo que no se puede medir, no se puede mejorar
Esta no es una invención mía. Es un principio de la cultura empresarial «de los de siempre». Pero poco aplicado al sector doméstico. Confundimos «medir» con «pagar». Y este es un grave error. Porque el consumo eléctrico de una vivienda tiene su propia medida: se llama kWh (kilowatio hora) No se mide en euros.
A partir de esta premisa, comencé a analizar los distintos consumos de la vivienda. Era la única forma de poder compararlos. ¿Cómo lo hice? Con un dispositivo específico, obviamente. los datos que da la red son como las multas de la DGT: sirven para dar el sablazo y son poco educativos. Pero con medidores apropiados, podemos no solo saber la intensidad y la duración de los consumos. La aplicación de IA a estos datos nos permite diferenciar la fuente. Y esto es muy relevante para el siguiente paso…
Sin prioridades, no hay resultados
Es bastante lógico ¿verdad? Ponerse el objetivo de «consumir menos» es como desear la paz en el mundo. Está muy bien, pero poco va a cambiar. Así que, una vez tenía una unidad y una herramienta de medida adecuadas, comencé a poner etiquetas a los distintos episodios del consumo. En concreto, tres:
– VITAL: para aquel consumo que es inevitable. Y sobre el que no tengo mucha capacidad de mejora sin implicar mucha inversión de dinero (Un ejemplo clásico: el frigorífico. Se puede mejorar su eficiencia comprando uno mucho más actualizado pero no se puede ir apagando y encendiendo el actual )
– MODIFICABLE: La modalidad de consumo más interesante. Y a la vez, controvertida. Nos tienen locos con los precios de la energía hora a hora. Hablaremos de ello después. Para mi, los principios básicos han sido:
¿Puedo hacer el mismo servicio en menos tiempo? (ej. planchar una camisa)
¿Puede hacer el mismo servicio en otra banda horaria sin perder calidad de vida? (el lavavajillas)
¿Puedo prescindir de este servicio? Y en caso de que la respuesta sea afirmativa, entonces pasa al siguiente grupo
– PRESCINDIBLE: Existen consumos en mi hogar que simplemente son prescindibles. Que no los necesito.
Agrupa y vencerás
Ya sé que el dicho es el contrario. Pero en este caso, funciona sumando. Juntado distintos tipos de consumos. Tales que respondan a los grupos en los que los fui ordenando. Y permitiendo que la tecnologia hiciera su magia. Agrupando elementos de mi vivienda que no usaba cuando no estaba, he hecho que se apaguen todos cuando me voy. O que se enciendan a determinadas horas. Por ejemplo, en mi mesa de despacho habitan muchos «cacharros»: el monitor, el ordenador, la impresora, los trasnformadores para telefono, tablet y demás… ¿Para qué quiero todo eso disponible cuando no estoy? Por supuesto que no voy a andar detrás de cada interruptor cada día. Pero si son capaces de apagarse solos, y tengo un botón inalámbrico junto a mi teclado que los activa a demanda… ¡ya hemos avanzando mucho!
Cuando se habla de los consumos «vampiro», nunca se hace de las incomodidades. O de la necesidad de adapatación en función de la edad de los habitantes de la casa. No es igual para una persona que vive sola, que para una familia, que para personas mayores… Hay que agrupar, pero personalizando y con gran sensiblidad. No hay soluciones máginas y universales. A esta variedad de realidades y objetivos es a lo que llamamos «Perfil energético», hablaremos en otra ocasión de ello.
Cuidado con los cantos de sirena
Quien no quiera ver que estamos en medio de un profundo cambio de nuestros modelos, es que está ciego. Esto no es «una turbulencia», un tema de la guerra de Ucrania, una inflacción pasajera… La cuestión es diferenciar la información de la infoxicación. Los argumentos científicos de los comerciales. Y la comodidad, de la vagancia. Haciendo nada no va a cambiar nada.
Me gustaría poner un ejemplo y tres cifras sobre la mesa:
El ejemplo: cualquiera podra encontar cantidad de entradas en las redes sobre la «locura» de los precios según la hora. Titulares que dicen que lo de poner la lavadora de madrugda ya no vale, que ahora la electricidad es más barata a las dos de la tarde. No voy a entrar al trapo. Por favor, miren su factura. Y busquen las tarifas que les están aplicando: ¡POR TRAMOS! Busquen el precio de cada tramo: punta (el más caro) Llano (el intermedio) Valle (el más barato) Ese es el precio que se le está aplicando. ¡Ese! Yo mismo caí en esa ansiedad. Y solo tras informarme y poder limpiar todo el ruido, entendí que es eso, ruido. No sé lo que pasará mañana. Pero hoy, los tramos son los que son, y los precios corresponden a los tramos. No a la cotización horaria de la ruleta a la que quieren hacer parecer a base de manipulación el mercado eléctrico. Y ahora los dos números porque…
Solo no puedes
Tras tres meses de análisis, ensayos y errores, he podido bajar la factura de mi consumo eléctrico a la mitad. Un ejercicio que me ha ayudado a entender mejor las carencias del equipamiento y, en general, de las instalaciones de la vivienda actual ante este enorme reto. Pero también la necesidad de medidas contundentes en un sector clave para nuestra estabilidad social.
El 25% del consumo eléctrico de este pais, es en los hogares
Este es un dato más que importante. La cuarta parte de la electricidad CONSUMIDA es por el sector residencial. Por las familias. Ahora bien, en términos genéricos
El 75% de la producción eléctrica se pierde en su transporte
¿Increible verdad?. Es como si le dijera que de cada litro de agua que llega a su casa, se pierden tres por el camino. ¿Una barbaridad no? Pues bien, mientras que sigamos teniendo que pagar este derroche, poco más podremos hacer en lo individual. Hay un punto límite en el consumo del que es muy difícil bajar. Y ya hemos visto como se pueden distorsionar los precios. ¿Para que sirve bajar el consumo a la mitad si se multiplica el precio al doble? Muy sencillo: para aumentar el beneficio de los productores.
CONCLUSIONES
Ante este escenario existen soluciones, claro que sí. La #Autoproducción energética, unida al #Almacenamiento conectado y a la #Tecnificación del hogar son las tres herramientas más eficaces de las que disponemos los usuarios individuales. El resto es macropolítica y cada vez queda más lejos de nuestro control y nuestro ánimo. O marketing, que de estas «dietas/tarifa milagro» ya tendrá lleno su buzón
Suerte en vuestros procesos de cambio. Seguimos


