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Posiblemente te parezca un grito muy exagerado para lo que a continuación vas a leer. O no lo entiendas tras haberlo leído. Pero en este mundo de postverdad, de negacionismo y de lavado de cara ecológico, encontrar un artículo en el que se digan las cosas tan claras como el que aportamos en esta entrada es una verdadera joya. Y no por tener o dejar de tener la razón. Más bien, es el hecho de no sentirse uno solo lo que lleva a gritar este enorme: “¡¡¡Aleluya!!!!”¡Soy muy consciente del poco interés que suscita la construcción en general y la Arquitectura en particular. Hoy en día, más allá de su apariencia estética y su discurso comunicativo, poco más se espera de ellas (salvo las ganancias por parte de los inversores). Es una realidad, y no me apena más de lo que lo hace el hecho de que ocurra lo mismo con las personas, o con la política, o con muchas otras facetas de nuestra vida. Uno lo asume, y listo. Vivimos en una era de individualidad, inmediatez y enfrentamiento. Realidades que benefician a muchos sectores productivos, pero que choca frontalmente con otros. Entre ellos, la Arquitectura. La Arquitectura es colectiva, es reflexiva y busca en esencia el bien común a largo plazo. ¡Ya ves!

Si llegas hasta aquí es porque te interesa la arquitectura, la construcción… Gracias. He pasado el filtro de tu individualidad y le das una oportunidad a la opinión que aquí traslado. Y diría que el de la inmedaitez por el tiempo que llevas leyendo. Pero aún nos queda el peor: el del enfrentamiento. ¿Estarán las ideas que quiero en tu línea de pensamiento o serán contrarias? Pronto lo veremos, voy a ponértelo muy fácil.

Soy de los que tiene muy claro que antes la construcción protegía al ser humano de la intemperie de la naturaleza. Y que ahora, debe más bien proteger a la naturaleza de la barbarie del ser humano. Esto no quiere decir que sea prescindible, por supuesto que debemos construir. Pero no de la manera en que venimos haciendo en las últimas décadas, a eso me refiero. ¿Estamos de acuerdo? Bien, seguimos.

El hecho de que la construcción (porque la Arquitectura es solo una parte del proceso) se preocupe por su impacto ya es un logro. Si fuésemos terríblemente sinceros, una gran parte de la que se realiza no tiene el más mínimo interés en reducirlo. Lo que pasa es que las noramtivas afortunadamente cada vez restringen  más la “libertad”. Y ya que tenemos que cumplirlas, aliimentemos el discurso con valores ecológicos. A esto es a lo que llaman “green washing”, que viene a significar un lavado de cara ecológico. Yo te digo que sí para quedarnos todos tranquilos, pero la realidad es que no.

Pero volvamos a esa parte de profesionales, empresas e instituciones que sí están interesadas en el impacto ambiental. Cada día son más, porque cada día la sensiblidad  del mercado es mayor. Al fin y al cabo, la legislación no es más que un reflejo del sentir de la sociedad. Y por ello, por la oportunidad comercial o por la sensibiliad ambiental, encontrarmos muchas iniciativas que caminan en la linea de la “sostenibilidad”. Si fuésemos rigurosos, tendriamos que descartar esta palabra, porque es una frontera que cruzamos hace muchos años y ya no es alcanzable. Pero no es el término el que me interesa (que también), es la forma en que la buscan. Como actitud.

Gran parte de la construcción que se presenta como sostenible en esta última década se justifica en base a la reducción de su consumo. Edificios de bajo consumo, consumo cero, cero emisiones… una línea de cero que parece castigar cualquier actividad humana por alejar al edificio de su preciado trofeo: el cero. Es un mensaje muy poderoso pero que esconde un mensaje muy triste: los edificios son incapaces de hacer nada más allá de su nula actividad.

Y esto no es así. No lo es. Todo lo contrario. Los edificios (y con ellos el planteamiento urbanísitico que conlleva su planificación) pueden ser el mayor de los motores de nuestra adaptación a la urgencia climática. Pero claro, si decimos que el edificio más sostenible del mundo es aquel que no hace nada, hemos destrozado en un solo titular no solo el catálogo de edificios que trabajan en otras líneas, sino todas y cada una de las iniciativas que podrían trabajar en ese otro camino.

¿Cual es ese otro camino? Entender que los edificios no solo albergan actividades, sino que puede alimentarlas. Que no solo protegen, sino que producen. Que la inactividad es todo lo contrario de lo que necesitamos: necesitamos edificios hiperactivos que generen para mantener sus necesidades, y las del espacio que les acoge, y de la comunidad en la que se insertan. Necesitamos edificios que no se consideren solos, y que trabajen desde esa soledad, sino que se conecten a las redes de comunicación, energía y conocimiento que les permitan compartir y disfrutar los logros y retos que enfrentamos en conjunto. Necesitamos edificios que dejen de ser productos de especulación para convertirse en servicios de estabilización.

La primera línea, la de la inactividad, surgió en la década de los 70 con la primera crisis energética global que padeció este planeta. Por entonces ni habíamos sobrepasado el máximo admisible de población mundial ni existía internet. Esta filosofía de trabajo de la contención se ha desarrollado y mucho. Principalmente porque tiene muchos valores. Porque mucho trabajo de muchas personas ha sumado muchas certificaciones y conocimientos para generarla.  Y también porque es más sencilla de entender y alcanzar que la segunda vía de la producción conectada. Es muy respetable. Pero no suficiente. Por eso el edificio diseñado  por Foster para nueva sede de Bloomberg no puede denominarse “el edificio de oficinas más sostenible del mundo”. Por muy bello que sea, que lo es. Por muy bien comunicado que esté, que lo está. Y negarle esa denominación no es negarle ninguno de los muchísimos valores que tiene. Es sencillamente llamar a las cosas (y a las casas) por su nombre. Tal vez hace 25 años no era tan intransigente con los significados. Pero ahora sí lo soy. ¿Por viejo? ¡No! Si algo me está dando la edad es comprensión.

Soy intransigente porque nos estamos quedando sin tiempo. Porque esta década (sí, esta, ahora,2020) puede ser nuestra última oportunidad para no dejar ruina a la siguiente generación. Los jóvenes que hoy tienen 15 años nos maldecirán por malformarlos en la idea de que este tipo de edifcios son sostenibles, PORQUE NO LO SON. Lo seguiré gritando, compartiendo y denunciando mientras tenga fuerzas. Por eso al leer el artículo de Lloyd Alter me he emocionado y he gritado: !Aleluya! Porque no solo denuncia el uso equivocado de la sostenibilidad, es que además señala este segundo camino como única vía de redención.

Hemos hecho un largo camino para llegar hasta aquí. Particularmente tú, leyendo todo esto. Supongo que sí estás aquí, o eres familia mía o casi. Mándame un correo para conocerte, sería un placer (vmoreno@truetalk.es) Porque ahora ya sabes que no estoy solo. Ya sabes que hay opciones y que, aunque todo el sistema se empeñe en hacerte creer lo contrario… no estás loco, simplemente estás observando el mundo como parte de él que eres. Y no solo disfrutándolo como si fuese de tu propiedad. Y ante eso hermano, solo tengo una palabra: ¡Aleluya! 

 

enlace al artículo

Please Stop Calling the New Bloomberg HQ the World’s Most Sustainable Office Building. It’s Not.

Traducción libre

Deje de llamar al nuevo cuartel general de Bloomberg el edificio de oficinas más sostenible del mundo. No es

Es un gran edificio con muchas características ecológicas, pero la sostenibilidad tiene más que un puntaje BREEAM alto.

Mike Bloomberg es uno de mis filántropos multimillonarios favoritos, construyendo su nueva sede europea en Londres, una de mis ciudades favoritas, diseñada por Norman Foster, uno de mis arquitectos favoritos. Pero desearía que todos dejaran de llamarlo “el edificio de oficinas más sostenible del mundo”, lo que hacen tanto Bloomberg como Foster (y cualquier otro sitio web); no es.

Hay muchas bondades ecológicas en este edificio, y obtuvo un puntaje BREEAM del 98.5 por ciento, el más alto para un desarrollo de oficinas. (BREEAM es una especie de versión británica de LEED). Hay algunas innovaciones realmente interesantes, como el techo, descrito por Foster + Partners:

Paneles de techo integrados: los paneles de techo integrados a medida combinan funciones de calefacción, refrigeración, iluminación y acústica en un diseño innovador de hojas de pétalos. El sistema, que incorpora 500,000 luces LED, utiliza un 40 por ciento menos de energía que un sistema típico de iluminación fluorescente para oficinas.

Tiene medidas serias de conservación del agua que reducen el consumo en un 73 por ciento, incluidos los inodoros de vacío. También hay un favorito de Foster:

Foster ha intentado esto en algunos edificios, especialmente en el Gherkin, donde nadie abre las ventanas. Sospecho que nadie lo hará tampoco en el edificio Bloomberg, dada la horrible calidad del aire en Londres. Pero también hay “sensores inteligentes de CO2 que varían la cantidad de aire fresco requerido cuando funcionan el aire acondicionado, y una gran planta combinada de calor y energía (CHP) que suministra calor y energía en un sistema único y eficiente con emisiones de carbono reducidas “El calor residual generado por este proceso se recicla para enfriar y calentar y, en uso, se espera que ahorre 500-750 toneladas métricas de CO2 cada año”.

Todas estas son cosas maravillosas; Foster y Bloomberg merecen mucho crédito. Pero llamarlo “el edificio de oficinas más sostenible del mundo” solo porque tiene un puntaje BREEAM alto no lo hace así. Por ejemplo, las plantas de cogeneración generalmente generan calor y energía al quemar gas natural. El edificio de oficinas más sostenible del mundo no quemaría combustibles fósiles.

El edificio Bullitt en Seattle no lo hace; tiene energía solar y obtiene su calor a través de bombas de calor de fuente terrestre. Pero no es BREEAM; Está construido según el estándar Living Building Challenge.

El edificio de oficinas más sostenible del mundo consideraría la energía incorporada de los materiales que contiene; Oliver Wainwright señala que “los niveles de energía incorporados no son leves, dado que contiene 600 toneladas de bronce importado de Japón y una cantera llena de granito de la India”. Eso ni siquiera incluye la energía incorporada del concreto en él.

El PowerHouse Kjørbo, un edificio de oficinas fuera de Oslo diseñado por Snøhetta, fue diseñado para producir no solo más energía de la que necesita de sus paneles solares, sino que “genera más energía de la que se usó para la producción de materiales de construcción, su construcción, operación y eliminación “. En realidad, devuelve su energía encarnada.

El cuartel general de Bloomberg es un edificio encantador y muy verde y Londres tiene suerte de tenerlo. (Realmente afortunado: Bloomberg podría haberlo construido en otro lugar si hubiera sabido que vendría Brexit). Bloomberg describe sus ambiciones para ello:

Creemos que las prácticas ecológicas son tan buenas para los negocios como para el planeta. Desde el primer día, nos propusimos ampliar los límites del diseño sostenible de oficinas y crear un lugar que entusiasme e inspire a nuestros empleados. Las dos misiones fueron de la mano, y espero que hayamos establecido un nuevo estándar para lo que puede ser un entorno de oficina.

Es un nuevo estándar, absolutamente. Pero, por favor, deje de llamarlo el edificio de oficinas más sostenible del mundo. No es.

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