955341457 info@truetalk.es

La tecnología tiene una vertiente digital, no visible, que avanza más rápido que nuestra capacidad para incorporarla a nuestras habilidades. Pero también tiene un componente material, tangible. Su incorporación se está retrasando de manera casi inconsciente. La llegada de los asistentes virtuales facilitará nuestra capacidad digital, a la vez que pondrá en evidencia la necesidad de un cambio en nuestro soporte físico.

Seguir haciendo las cosas igual nos lleva de manera irremediable a los mismos errores. Por mucho que en el sector residencial y en el sector turístico se hable de la evolución digital, las casas, los hoteles y los apartamentos en alquiler siguen siendo básicamente iguales. Es cierto que disponemos de muchas herramientas para la venta on-line. Que la mayoría de los técnicos ya no dibujan con lápices sino con ratones. Y que reservar un hotel ya depende de una aplicación y no de una llamada. Pero las casas siguen llenas de llaves y de interruptores, los hoteles siguen sin saber lo que consumen sus huéspedes uno a uno. Y los apartamentos alquilados en las plataformas más punteras siguen siendo pisos del siglo pasado.

El efecto placebo que supone ver mucha información en la pantalla de nuestro móvil nos aleja del reto real que este siglo XXI supone: mejorar nuestra calidad de vida a través de la eficiencia ecológica que nos ofrece la suma de diversas tecnologías

Mejorar nuestra calidad de vida a través de la eficiencia ecológica que nos ofrece la suma de diversas tecnologías.

Porque algunas soluciones nos hacen más visibles en este mundo global. Otras, nos ayudan a eliminar gastos (o al menos a reducirlos) A mejorar el control. Me atrevería a afirmar que la mayoría de tecnologías que estamos integrando, se basan en este principio: el de la competitividad. Bien en nuestro propio beneficio, o bien en el de nuestros proveedores. Pero ¿a costa de qué?

La tensión que está suponiendo esta contorsión hace mella sin duda en nuestra calidad de vida. Nos hace estar a la defensiva frente a cualquier cambio en nuestras rutinas. Nos resta tiempo de atención a nuestras facetas personales, invadiendo lo laboral el campo de la intimidad, la familia y la desconexión… Y degrada. Degrada el planeta en el que vivimos. lo veamos o no.

Este ciclo de adaptación pasiva comienza a mostrar fisuras. Medioambientales. Y emocionales. No necesitamos ya más velocidad, más inmediatez, más productos. Necesitamos mayor calidad de vida. De nuestra vertiente no visible, la emocional, y de nuestra vertiente más visible: la espacial.

El paso necesario se llama integración. Integr-acción. Aún existen muchas inercias que prefieren el modelo anterior, el de explotación intensiva de los recursos materiales y humanos. Y por ello tenemos que tomar la iniciativa, individualmente, para adaptarnos por nosotros mismos al nuevo escenario, inevitable y preferible si lo orientamos correctamente:

  • naturalizar nuestra relación con la tecnología para aprovecharla
  • conocer nuestros consumos para reducirlos
  • disponer de nuestros recursos locales para optimizarlos
  • valorar nuestro tiempo para re-educar nuestros hábitos de conducta

Este proceso es más sencillo de realizar que de definir: Los cambios necesarios en nuestro entorno físico son asequibles. Y el aprendizaje, sencillo. Si lo hacemos de manera integrada. Todo lo demás, será llenar de cacharros tecnológicos nuestras vidas, nuestras viviendas y nuestros negocios sin haber sacado antes los patrones de funcionamiento erróneos.

¿Lo hablamos?